Golpes de efecto en las atribuciones de los diálogos

Cuando Plinio Apuleyo Mendoza, en El olor de la guayaba, le preguntó que por qué le daba tan poca importancia a los diálogos, Gabriel García Márquez dijo: «Porque el diálogo en lengua castellana resulta falso». Alejo Carpentier, en Entrevistas (1985), opinó lo siguiente: «Para mí el diálogo, tal como podemos hallarlo en cualquier novela realista, es casi siempre artificial y ampuloso», y agregó que los diálogos novelísticos le horrorizaban porque no correspondían a ninguna realidad.

Como digo en este artículo, algunos de los consejos de escritores son verdades literarias universales (si es que existen), pero la mayoría son verdades personales, fruto de la experiencia o perspectiva del autor. Así que, con todo lo que admiro a Gabo y a don Alejo, en un acto de respetuoso atrevimiento, voy a decirles a estos próceres literarios que esas serán sus perspectivas. La literatura es, en definitiva, una representación cuya condición es la credibilidad, aunque vaya de orcos y de cuatrocientos siete elefantes voladores. Un diálogo debe parecerse a los que escuchamos en un bar, es verdad, pero nunca será real, y si está bien elaborado, el lector creerá en él del mismo modo que yo he creído en Frankenstein. (más…)

Las rayas y la puntuación de los diálogos

Nota de actualización y advertencia, 24/11/2017:

Si eliges escribir un diálogo usando rayas, estas son las normas según la RAE, pero esto no significa que la norma para escribir un diálogo sea usar rayas, lo cual explico en Las formas de escribir un diálogo.

Para contar una historia existen solo dos discursos: el del narrador y el del personaje. Es decir, o habla el narrador o hablan los personajes. No hay más. Con el narrador, el autor informa los acontecimientos, construye un marco de referencia (escenarios, coordenadas temporales, acciones, etc.), procedimiento cuya mayor complicación es la de componer un relato visible que se proyecte en la mente del lector como si fuese una película. Con el segundo discurso, el del personaje, es más sencillo que el lector participe y se ponga en situación; pero, para dotarlo de naturalidad y verosimilitud, el procedimiento es mucho más complicado.

«[…] o se cuenta directamente, como autor -el procedimiento más difícil-, o se los pone en boca de tal personaje, muchísimo más fácil, pero mucho más engorroso». (Joseph Conrad, A Personal Remembrance, Ford Madox Ford, 1924)

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La absorción de las técnicas narrativas

En las primeras páginas de Icapú, su segunda novela, Karla Brenes escribió esto:

Mi agradecimiento especial al escritor Néstor Belda por sus consejos y por su apoyo en el trabajo más duro del oficio de escritor: la revisión de la obra.

Honestamente, me parecería sobradamente lógico que, si estás leyendo esto, te preguntes qué hay de significativo en esa frase. Después de todo, hay millones muy similares. Pero lo significativo de esa frase ni siquiera está en ella, sino en que Karla Brenes fue alumna mía del Curso Online de Técnicas Narrativas. (más…)

Los tipos de narrador y las emociones del lector

Uno de los elementos de la estructura narrativa a los que menos atención se suele prestar es al narrador. Sin embargo, en la elección de quién va a contar la historia se pone en juego el éxito de la obra. ¿Por qué? Veamos qué escribió al respecto David Lodge en El arte de la ficción:

Puede afirmarse que elegir el o los puntos de vista desde el cual o los cuales va a contarse la historia es la decisión más importante que el novelista debe tomar, pues influye enormemente sobre la reacción, tanto emocional como moral, de los lectores frente a los personajes ficticios y a sus acciones.

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Mis 12 tácticas o (auto) consejos de escritor

Como todos, he leído muchos decálogos o consejos de escritor. En mi opinión, algunos de esos consejos son verdades literarias universales (si es que existen), pero la mayoría son verdades personales, fruto de la experiencia o perspectiva del autor. (más…)

Mostrar no explicar y las emociones del lector

Narrar, según la RAE, es “contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios”, definición en cuya esencia reside la palabra acción. Sin embargo, lo habitual es que cuando comenzamos a escribir, en lugar de narrar, nos inclinemos hacia explicar la historia. El problema de mostrar los personajes y la historia mediante la acción, es que implica resignarnos a que el lector no interprete lo mismo que nosotros pretendemos transmitir. Las diferencias entre mostrar y explicar son tan sustanciales, que la lectura de nuestra historia puede convertirse en una vivencia cargada de respuestas emocionales por parte del lector, o en un acto pasivo donde su papel se reduce a leer las emociones que describe el escritor. Pero, de la teoría a la práctica hay un camino con curvas y contracurvas que hay que recorrer a la velocidad adecuada. (más…)

Cómo escribí «A Constance, con emoción»

Ya he escrito en este blog sobre mis convicciones respecto a la elección del narrador. Quién cuenta la historia es, para mí, una de las decisiones cruciales a la cual se enfrenta el escritor a la hora de escribir un relato (cuento o novela). Hay infinidad de artículos sobre las ventajas y desventajas de cada narrador, algunas de las cuales, pareciera, se han convertido en verdades inalienables. Sin lugar a dudas, la experiencia juega un papel protagonista, pero más aún el conocimiento, no solo de esos manuales de ventajas y desventajas, sino también de la comprensión cabal de las posibilidades de cada punto de vista narrativo en relación a cómo queremos presentar la historia ante el lector para cause el efecto deseado. (más…)

Frases que se expanden: La técnica de la continuidad

Hace unos días, conversando sobre literatura y escritura con una persona, que por cuestiones de privacidad le llamaré «esta persona», me preguntó si realmente pensaba que el dominio de las técnicas narrativas es tan importante para un escritor. Yo le contesté que cuando uno lee, por ejemplo, una novela, eso se nota. ¿En qué?, me dijo. Pues —respondí—, hay rasgos como el manejo de las coordenadas temporales, la funcionalidad de las descripciones, la construcción de los personajes, el ritmo, la visibilidad, es decir, en cuáles momentos el escritor prefiere mostrar y en cuáles explicar… Luego dijo que, entonces, la diferencia entre un buen narrador y uno mediocre estaría en el dominio de las técnicas narrativas. Respondí que no. Y «esta persona» dijo que, desde luego, mi respuesta era desconcertante.

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Cómo escribí «Un geranio no se seca ni dándole patadas»

La primera intención de estos post sobre cómo escribí los relatos de Todas son buenas chicas es abrir una puerta para que el lector pueda entrar en la cocina de mi escritura. La segunda es un intento de mostrar las bondades de las técnicas narrativas.

Uno de los pilares del andamiaje narrativo, además del narrador, los personajes y el espacio, es el tiempo. En general se aconseja que la temporalidad de un relato no abarque más de unos días, si acaso unos meses. Esto no significa que no se pueda escribir en media docena de folios una historia que abarca veinte o treinta años, pero requiere mucho dominio técnico. El problema es evidente cuando el escritor se sirve del resumen para transitar esos veinte años, lo cual implica que, necesariamente, habrá de EXPLICAR los hechos en lugar de MOSTRARLOS con escenas vivas en las cuales el lector observe a los personajes en acción.
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