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La travesía del primer capítulo

El primer capítulo

En el primer capítulo empieza a forjarse el destino de una novela —imprenta o papelera—.

Hace unos años formé parte del jurado de un certamen de novela. El equipo de lectores previos tardó más de lo previsto en filtrar las más de cuatrocientas obras inscriptas, así que, en lugar de cuatro meses, dispusimos de escasos cuarenta y cinco días para valorar las quince novelas finalistas. Para la organización parecía un problema casi insalvable, incluso contempló la posibilidad de aplazar la fecha de comunicación del fallo, pero no fue necesario. El jurado cumplió con los plazos previstos en las bases de la convocatoria. Yo entregué mi propuesta de los cinco finalistas a los treinta días de recibir los manuscritos.

¿Me leí las quince novelas en treinta días? Por supuesto que no. Ni hacía falta. Leí el primer capítulo de todas las obras y eso fue suficiente para descartar ocho. Es probable que en el camino hayan quedado novelas que cogían vuelo en el tercer, en el quinto o en el octavo capítulo, pero todo el trabajo de escritor se resume en Lograr que el lector no deje de leer.

Los autores experimentados saben que en el primer capítulo se lo juegan todo y que nunca deben tener fe en que el lector sea tan generoso como para aguantar cincuenta páginas sin que ocurra nada interesante.

El método de selección puede parecer poco razonable, incluso injusto. Sin embargo, el veredicto fue unánime respecto al primer premio, a pesar de que hasta el día del fallo no supimos quiénes componíamos el jurado. Eso significa que el método no solo es razonable, sino que además es inequívoco: el destino de una novela —imprenta o papelera— empieza a forjarse en el primer capítulo.

Echar un vistazo al primer capítulo

En Amazon, los libros electrónicos se presentan con su portada y la descripción del producto, que viene a ser una versión extendida de la contraportada. Pero el lector cuenta con un elemento de juicio adicional para decidir la compra: el apartado de «echa un vistazo», a través del cual podemos escudriñar el primer capítulo de la obra, similar a lo que hacemos cuando vamos a una librería. ¿Cuántas ventas se concretarán tras leerlas? Personalmente, le doy más importancia a «echa un vistazo» que a las sinopsis, de las cuales ya sabemos que son textos netamente comerciales que a menudo no representan la verdadera naturaleza de la obra.

El interés del lector se despierta induciéndolo a que se formule preguntas —la pregunta dramática— y retrasando las respuestas. El truco más sencillo para que el primer capítulo «despierte interrogantes» es empezar por el primer hecho relevante para la trama. ¿Entiendes bien a qué me refiero con «relevante para la trama»? Significa que no solo es bueno para el primer capítulo, sino que además influirá en lo que vendrá a continuación.

Ese primer hecho puede coincidir con el comienzo argumental de la historia o puede ser una escena posterior —in medias res—. Puedes empezar por la «escena 1» del argumento, o decantarte por la «escena X» porque presenta una situación peliaguda que estimulará las expectativas del lector.

No obstante, la travesía no acaba en captar la atención del lector. El primer capítulo es la puerta de entrada al mundo que el autor ha construido. Cuando el lector la abre, no sabe con certeza qué se va a encontrar. Quizás haya leído reseñas o comentarios acerca de la obra, pero aún no está familiarizado con la voz del autor, los personajes y sus relaciones o el contexto espacio temporal. Necesita «echar un vistazo» antes de decidir si dar un portazo o sumergirse en la novela.

En el «Prólogo» de Doce cuentos peregrinos, Gabriel García Márquez resumió así los elementos que deben definirse en el primer capítulo:

No me tomé ni un día de reposo, pero a mitad del tercer cuento, que era por cierto el de mis funerales, sentí que estaba cansándome más que si fuera una novela. Ahora sé por qué: el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y veces hasta el carácter de algún personaje.

No asfixies al lector en el primer capítulo

La exposición de la información de un relato está sometida al criterio de necesidad o exigencia de la trama, en especial en lo que respecta al momento de presentarla al lector, que debe ser a su debido tiempo. Este criterio de necesidad de la exposición responde a que todo lo narrado debe cumplir una función en la historia. Un buen narrador sabe con certeza qué es lo que quiere contar y elimina todo lo demás. Justamente, uno de los fallos más frecuentes de los escritores en ciernes es la inadecuada administración de la información.

Son muchos los errores de exposición que se pueden cometer, pero el de la información prematura es el que más afecta a la versatilidad del primer capítulo. Muchos autores piensan que para que el lector comprenda correctamente la historia, ya en el primer capítulo hay que exponerle todos los antecedentes y pormenores, tanto de los personajes como del mundo que han creado. El resultado es una avalancha informativa que abruma al lector con datos extemporáneos difíciles de procesar y casi siempre desconectados del momento narrativo.

Thomas B. Sawyer, en Fiction Writing Demystified: Techniques That Will Make You a More Successful Writer, escribió al respecto (la traducción es mía):

Evita  con todas tus energías la tentación de incluir todas esas ideas geniales en la primera escena, en cuanto el personaje aparece por primera vez. Repártelas. En televisión, llamamos «pelar la cebolla» a la revelación paulatina del personaje.

La función del primer capítulo es que el lector se ubique en el mundo de tu novela y se familiarice con los personajes, la época, el conflicto… Tienes por delante muchos capítulos para profundizar en el pasado de los personajes y en toda la información necesaria para que el lector comprenda el contexto y el funcionamiento de los engranajes narrativos. Ah, y a su debido tiempo. Perdona que sea tan pesado con esto.

Sobre cómo no empezar el primer capítulo

Si el comienzo de tu novela fuera la descripción, por ejemplo, del escenario de un crimen, adelante. Normalmente son un buen anzuelo. Si no es así, evita las descripciones en los primeros párrafos, déjalas para cuando el lector ya se esté preguntado qué pasará a continuación.

Y ten en cuenta que en el primer capítulo hay que ambientar la historia. No obstante, no es necesario que abarques todos los aspectos del mundo que has creado.

Si lo que quieres es filosofar o moralizar, ya sabes, lo suyo es otro género, como ensayo o manual de autoayuda. Una novela no es tu gran oportunidad para dar la tabarra con tu filosofía sobre la vida o cómo ser feliz sin tener gato. Por propiedad transitiva, también es el peor comienzo para un primer capítulo.

Apuntes sobre estos criterios

Puedes malograr tu obra de muchas maneras durante el planteamiento, el nudo o el desenlace, pero si lo que quieres es sabotear tu obra antes de que levante vuelo, lo tienes fácil: empieza por escribir un primer capítulo insípido, inodoro e incoloro. Escribe cincuenta páginas sin que ocurra nada interesante y el éxito del fracaso lo tendrás asegurado.

Sin embargo, no existen reglas irrompibles. Eso lo demuestran las obras que han roto las normas en pos de un objetivo muy estudiado y han funcionado. Pero es muy distinto hacerlo a conciencia, al amparo de la comprensión cabal de los porqués narrativos, que improvisar en busca de originalidad a la luz de la ignorancia o simplemente por ánimo iconoclasta.

6 comentarios en «La travesía del primer capítulo»

  1. Gracias por las recomendaciones. Anotadas. Si en algún post futuro pudieras escribir más acerca de la recomendación de no «filosofar», sería muy útil. Es mi gran duda: cuándo fastidia al lector?, porque algunos de los clásicos están plagados de reflexiones acerca de la humanidad, del bien y del mal, del amor, de la felicidad, etc. A mí me gusta cuando hay algo más que acción y eventos, prefiero un balance entre una historia que te sumerge en un sueño y meditaciones. Por ejemplo, «Frankenstein», «El retrato de Dorian Gray», «Robinson Crusoe», «Lobo estepario»… son libros fascinantes que encierran numerosas reflexiones. También están los libros de crítica social («Las uvas de la ira», etc.) Es un tema que me hace dudar. (Quizá solo te permitan «filosofar» cuando alcances estatus célebre, je, je!). Para algún post futuro… Se agradecerá enormemente.

    1. Hola, Paula:
      Gracias por tu comentario.
      Como digo al final del artículo, No existen reglas irrompibles, a lo que agrego que ni siquiera existen reglas. Pero al margen de ello, analiza un poco de qué años proceden las obras que has mencionado. Si no me equivoco, las más “jovencitas” son Las uvas de la ira y El lobo estepario, de 1939 y 1927 respectivamente. Las demás son más antiguas. ¿Crees que los lectores —y las sociedades— de aquellas épocas son iguales a los actuales? Aquellos autores usaban sus obras para plantear un problema y para dar «sus» respuestas, y, como diría Cortázar al hablar de Thomas Mann, «el lector no cuenta, está ahí simplemente para leer y enterarse de la pregunta y la respuesta». Hoy el lector cuenta.
      Los autores de esas grandes obras de Literatura universal respondieron al espíritu de sus épocas y se dirigían a lectores con vidas más ociosas y pacientes que los actuales, con escaso o nulo acceso a la información y entretenimientos, con pocas posibilidades de viajar, carentes de tecnologías como medios audiovisuales, internet, redes sociales. El arte evoluciona con la Humanidad.
      Este es un tema muy largo y profundo, pero no te quedes con un «no hagas esto». Busca tu fórmula.
      Un abrazo.

  2. Hola Nestor, saludos cordiales. Gracias por tu aporte. Es muy interesante y fácil de comprender. Nos apoyas muchos, a los escritores noveles, y eso se agradece. Feliz y exitoso 2022.

  3. Hola, Néstor. Creo que das en el clavo con tu disertación de la importancia del primer capítulo.
    Creo que el enganche del lector debería ocurrir desde los primeros párrafos…
    Antes me torturaba en las lecturas solo porque son clásicas, esas que la «crítica» ha colocado como de obligada lectura.
    Ahora ya no me torturo: si observo que la narración simplemente no me engancha, la abandonó. Uno de esos libros que no me han incitado a seguir leyendo es Por quien doblan las campanas. Varias veces he intentado leer la novela y siempre termino aplazando la lectura.
    En general, esa descripciones insulsas en el primer capítulo ahuyentan al lector, tal como lo dices.
    Por otra parte, te comento: escribo una novela. Estoy en el primer capítulo. A ver si no ahuyento al lector exigente como yo.
    Te mando saludos desde México.

    1. Gracias por tu comentario, Javier.
      Ay, con Hemingway, que siendo tan buen cuentista se puso a escribir novelas.
      Javi, la literatura no ha dejado grandes obras, pero ninguno de sus autores son intocables. Algunas de esas obras requieren mucha generosidad del lector.
      Un abrazo.

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