Tema, argumento y trama

Un escritor puede comenzar a escribir una historia (cuento o novela) de muchas maneras. La primera es dejarse llevar por la propia historia, sin planificación y con la única ayuda de una brújula interna que, parafraseando a Stendhal, empuja las ideas. La segunda es planificar todo concienzudamente, y aferrarse a esa guía. La tercera, cuarta, quinta… son las infinitas combinaciones posibles de ambas, es decir, planificando pero con cierto margen de flexibilidad, como lo hacen la mayoría de los escritores. (más…)

Un relato dedicado a don Américo Calí: capitán de ruiseñores

Conocí a don Américo Calí la tarde de un miércoles de mediados de 1978.

Dos años antes de aquel día, leí por primera vez «El milagro secreto», un cuento de Jorge Luis Borges, incluido en Ficciones, y al día siguiente, con catorce años, hice dos cosas: escribí mi primer relato, y comencé mis incursiones semanales por Chimirka, una librería de usados de la calle Garibaldi casi esquina San Juan, en la lejana provincia de Mendoza, Argentina. (más…)

Los dos planos narrativos: el fondo y la forma

Todos los que escribimos, o casi todos, sabemos o intuimos qué es el ritmo en un texto literario, sea poético o narrativo. Sabemos, por ejemplo, que en el ritmo influyen la longitud de las frases y los párrafos, las rimas internas, la concisión, la naturalidad, la coordinación, subordinación y yuxtaposición de las oraciones y, muy importante, los tiempos y conjugaciones verbales. Hablar de ritmo es hablar de la agilidad o morosidad con que avanza la historia, y que debe ajustarse a las necesidades del tema y los distintos momentos de la trama. (más…)

Mostrar, no explicar: Hacerse la película

«El canario», de Katherine Mansfield, comienza así:

«¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: “Antes allí debía de colgar una jaula”. Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo(más…)

Los tipos de narrador: ¿Quién cuenta la historia?

He leído muchos relatos cuyos argumentos eran fantásticos pero en el cual el narrador elegido sepultaba la historia. Lo primero que debemos tener claro es que el narrador no somos nosotros, los autores, sino un filtro, un personaje intermediario al cual dotaremos del grado de omnisciencia y de la posición, respecto a la historia, que más nos convenga. Lo segundo es que la clasificación y definición de los tipos narrador es un cuadro estático inútil para abarcar la complejidad técnica y los grados y combinaciones posibles. Incluso, dentro de un mismo relato (cuento o novela), pueden coexistir diversos narradores, lo cual permite ofrecer una visión más amplia de la historia, a condición de que seamos lo suficientemente hábiles como para no confundir al lector. Hay que tener en cuenta que una misma situación, un mismo escenario, tendrá tantas perspectivas como personajes. Si no, probad preguntar a la primera pareja casada que veáis. (más…)

Clarice Lispector y la palabra como carnada

Hoy quiero volver sobre una frase de Clarice Lispector, extraída de Notas sobre el arte de escribir:

«Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.» (más…)

El extrañamiento y el entorno narrativo

Podemos escribir:

«Juan era pobre y muy trabajador.»

Y podemos escribir:

«Juan vivía en una chabola de chapas en un conglomerado marginal de las afueras de la ciudad y, desde los diez años, doblaba la espalda, de sol a sol, en los arrozales para llevar un magro jornal a su familia.» (más…)

Diálogos, madame Bovary y la cola de la panadería

No es que nos vayamos a encontrar a Madame Bovary en la cola de la panadería, ni a Anna Karenina en el salón de belleza, ni a Sherlock Holmes investigando el robo de la joyería de nuestro pueblo; pero, ¿cómo es que esos seres incorpóreos, simples entes de tinta y papel, han supervivido a sus autores? Si le preguntásemos a cualquier persona sobre Sherlock Holmes, es probable que nos diga que fue un personaje que era investigador o detective, que fumaba en pipa y que tenía al Dr. Watson de colaborador. Sin embargo, si le preguntásemos quién es su autor, no es improbable que lo ignore. (más…)

Leer la mayor cantidad de literatura buena. ¿Nada más?

Hoy quiero referirme las palabras de Hanif Kureishi, el autor de El buda de los suburbios, citada en el artículo de Andrés Hax, «El fraude de los talleres literarios»:

Si quieres escribir lo que tendrías que estar haciendo es leer la mayor cantidad de literatura buena que puedas, por años y años, en vez de malgastar la mitad de tu carrera universitaria escribiendo cosas que no estás listo para escribir. (más…)

Sentir la fragilidad del oficio de escritor

Hay una verdad literaria demoledora: Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Abelardo Castillo o Roberto Bolaño (por no hacer una lista interminable), han escrito sus obras con las mismas palabras contenidas en las páginas del diccionario, y que cualquiera puede consultar. Desde esa perspectiva, la de tener a nuestro alcance las mismas palabras que utilizaron los autores que admiramos, y teniendo en cuenta que todos —algunos más y otros menos—, nos entendemos con las palabras, con la cuales convivimos del mismo modo que convivimos con el aire y el agua, casi que podría parecer sensato asegurar que cualquiera podría escribir Cien años de soledad. Sin embargo, a pesar de que la palabra es un material cotidiano, y a la vez tan poderoso, capaz de movilizar masas humanas, de hacernos felices o desdichados, pocos comprenden la fragilidad del oficio de escritor. (más…)