Cómo escribí “A Constance, con emoción”

Ya he escrito en este blog sobre mis convicciones respecto a la elección del narrador. Quién cuenta la historia es, para mí, una de las decisiones cruciales a la cual se enfrenta el escritor a la hora de escribir un relato (cuento o novela). Hay infinidad de artículos sobre las ventajas y desventajas de cada narrador, algunas de las cuales, pareciera, se han convertido en verdades inalienables. Sin lugar a dudas, la experiencia juega un papel protagonista, pero más aún el conocimiento, no solo de esos manuales de ventajas y desventajas, sino también de la comprensión cabal de las posibilidades de cada punto de vista narrativo en relación a cómo queremos presentar la historia ante el lector para cause el efecto deseado. (más…)

Cómo escribí “Un geranio no se seca ni dándole patadas”

La primera intención de estos post sobre cómo escribí los relatos de Todas son buenas chicas es abrir una puerta para que el lector pueda entrar en la cocina de mi escritura. La segunda es un intento de mostrar las bondades de las técnicas narrativas.

Uno de los pilares del andamiaje narrativo, además del narrador, los personajes y el espacio, es el tiempo. En general se aconseja que la temporalidad de un relato no abarque más de unos días, si acaso unos meses. Esto no significa que no se pueda escribir en media docena de folios una historia que abarca veinte o treinta años, pero requiere mucho dominio técnico. El problema es evidente cuando el escritor se sirve del resumen para transitar esos veinte años, lo cual implica que, necesariamente, habrá de EXPLICAR los hechos en lugar de MOSTRARLOS con escenas vivas en las cuales el lector observe a los personajes en acción.
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Ángeles Platas y Todas son buenas chicas

Hace poco, en ESTE post, hice referencia a que Todas son buenas chicas, inesperadamente, me había construido una red de contención, aquella que perdí cuando emigre de Argentina. En mi último post (Link), escribí sobre firmar libros, cerrar sobres y llevarlos a correos, y el calor humano de que implica publicar en papel. Hoy, Ángeles Platas no ha hecho más que confirmarme, con un gesto, aquello que vengo sosteniendo.

Conocí a Samarcanda Cuentos, o mejor dicho, leí a Samarcanda Cuentos, en la página de Artistas Creadores de Moon Magazine. El 15 de Junio recibí en mi bandeja de entrada varios correos electrónicos de Pay Pal. Uno de ellos era de «una tal» Ángeles Platas. Tiempo después supe quién es.

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Cómo escribí “¿Y usted le cree al Cacas?”

La escritura automática es esa que se realiza con el único objetivo de «quenosemevayalaidea»,  sin prestar atención a los aspectos técnicos, y nunca, o casi nunca, arroja un texto definitivo. El octavo relato de Todas son buenas chicas, “¿Y usted le cree al Cacas?, no fue la excepción.

La esencia del placer de escribir habita en la escritura automática, ese momento que nos aparta de la realidad cotidiana y nos sumerge en nuestro mundo ficcional. El trabajo duro, y veces hasta doloroso, es el de la revisión. Incluso, uno de los rasgos de madurez de un escritor es el tiempo que invierte en el trabajo de revisión, porque requiere mucha objetividad y nada de autocomplacencia.

En 1933, F. Scott Fitzgerald, publicó un artículo en el Saturday Evening Post, en el cual destacaba la importancia de la objetividad respecto a nuestro propio texto: (más…)

Escribir desde la fragilidad del oficio

Treinta o cuarenta años atrás, publicar un libro era un hecho relevante, pero ahora es solo un trámite y, si es en papel, algo de dinero. Hace unos meses estuve en la presentación de la novela de una escritora amiga, la periodista Mónica Mira Garcés (Link). En ese acto, Mónica dijo que ella solo había escrito una novela y que eso no era importante. Lo dijo en otro contexto y por otras razones. Lo cierto es que yo he escrito un libro, pero es uno más de los 79.000 que se publicarán en 2014 (basándome en las cifras del 2013, según el Instituto Nacional de Estadísticas). Esa cantidad no incluye los libros digitales, que fácilmente se pueden publicar en plataformas como Amazon, y con los cuales estimo que podríamos hablar de unos 120.000 títulos, o más. La verdad es que escribir un libro y publicarlo, actualmente, es muy sencillo, a pesar de que escribir literariamente no lo es. Y yo me pregunto, ¿cuántos autores tienen el sentimiento de la fragilidad del oficio de escritor que tengo yo? (más…)

Los beneficios reales de mi libro

Tenía pensado publicar un post sobre el discurso de los personajes, o sobre la importancia de lo que «no se dice» en un relato. Pero hoy estoy cursi y sentimental (que también tengo mis días, ¿vale?). Sirva esto de aviso para esos navegantes tóxicos que pululan por la red en busca de debilidades ajenas para camuflar sus propias incompetencias.

Ahora, lo que toca es organizar mis pensamientos para transmitir con eficacia mi cursilería y sentimentalismo. Si no lo consigo, será mi escarnio de escritor, como escribió Borges en El Aleph. Vamos allá.

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Reseña del escritor Leo Mazzola

El arquitecto y escritor Leo Mazzola, autor de la novela «Amores prohibidos (diario de un hombre)», me ha sorprendido con su reseña de mi libro de relatos «Todas son buenas chicas». Pero lo que más me ha sorprendido es cómo ha captado mi esencia de escritor.

La reseña de Todas son buenas chicas

por Leo Mazzola, escritor

Lo primero que me ha sorprendido de esta obra es el estilo literario de su autor. Me resulta innovador, complejo y muy interesante. Probablemente el estudio y análisis de cada uno de los diez relatos (cuentos, como quizá él prefiera llamarlos) que constituyen este libro daría de sí como para realizar un seminario sobre técnicas narrativas. A mí me ha resultado muy pedagógico. Pero sin dejar de ser la forma de expresarse un hecho absolutamente relevante, aún lo es más su contenido y el fondo que subyace en él.

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Cómo escribí «Vale, Paula»

La primera tesis de Ricardo Piglia, en su «Tesis sobre el cuento», es que «un cuento siempre cuenta dos historias». Luego, en la segunda, dice que «el arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia dos en los intersticios de la historia uno», y agrega que la historia profunda emerge en el desenlace.

También está la Teoría del iceberg de Ernest Hemingway, en la cual el autor de El viejo y el mar dice algo así como que lo que sostiene la historia es lo que «no se dice». ¿Cuántas veces habéis escuchado o leído que en narrativa es tan importante lo que se dice como lo que no se dice? Si quieres saber sobre esto, podéis leer mi artículo en la web de Victor Selles. (más…)

Cómo escribí ¿Por qué ha dicho eso?

Como cualquier relato, «¿Por qué ha dicho eso?» también es un edificio sustentado por cuatro columnas: narrador, espacio, tiempo y personajes. Si alguna de ellas falla, toda la estructura se debilita.

Ya he hablado, en este blog, de la trascendencia del narrador, las funciones del espacio, y de la vitalidad que deben transmitir los personajes. De las coordenadas temporales me ocuparé en breve.

En el cuento, por su brevedad, los personajes deben construirse con precisión y concisión, por lo cual es imperioso aprovechar todos los elementos y recursos narrativos disponibles. Por ejemplo: el cajón del escritorio de una persona es un cuadro autobiográfico, del mismo modo que su forma de vestir y hablar. Integrar diálogos y escenarios es esencial para el escritor de cuentos, si se pretende crear personajes vivos.

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Cómo escribí “Que no, papá”

Hay cosas que las sabe todo el mundo, que pertenecen al inconsciente colectivo. Por ejemplo, quién no sabe que las praderas son verdes, que las celdas de las cárceles son lúgubres, que el calor es abrasador, que hay minutos que se hacen eternos, que hay personas que tienen un carácter peculiar, que las cenas son opíparas, y no quiero seguir porque sería tan aburrido como lo es para los lectores ―y me incluyo― que nos cuenten esas cosas que ya sabemos. (más…)

Un relato dedicado a don Américo Calí: capitán de ruiseñores

Conocí a don Américo Calí la tarde de un miércoles de mediados de 1978.

Dos años antes de aquel día, leí por primera vez «El milagro secreto», un cuento de Jorge Luis Borges, incluido en Ficciones, y al día siguiente, con catorce años, hice dos cosas: escribí mi primer relato, y comencé mis incursiones semanales por Chimirka, una librería de usados de la calle Garibaldi casi esquina San Juan, en la lejana provincia de Mendoza, Argentina. (más…)

Cómo escribí “La noche del pollo frito”

Hablar de la importancia que le atribuyo a los diálogos (discurso del personaje) y al espacio (escenario), sería repetirme como el ajo. Ambos recursos trabajan en dos planos. Por un lado, son dos potentes herramientas para la construcción del personaje y, por el otro, contribuyen a mantener vivo el rastro emocional de la historia. En cuanto al espacio, sobre todo si jugamos con elementos cotidianos, el escritor debe contemplarlo con sentimiento de extranjería. Con el diálogo, el personaje se muestra a través de su propia voz. (más…)

Cómo escribí “Estaríamos mejor”

Yo veo la poética como la expresión literaria más realista. Uno lee una poesía y allí está la intimidad del autor en su estado primigenio; sus anhelos, su ser y estar en el mundo. Es mi perspectiva personal, o mejor dicho, un sentir personal sin pretensiones axiomáticas.

Pero, ¿qué pasa con los narradores? En principio, pareciera que escribimos ficciones, historias inventadas, incluso fantásticas, y, sin embargo, todas llevan el perfume del autor.

Cómo escribí “Lirios amarillos”

A menudo tengo la sensación ―y es solo una percepción personal― de que cuando escucho a los lectores opinar que tal relato tiene buen ritmo, se refieren a que su lectura es ágil, o a que avanza con rapidez. Sin embargo, hay historias que exigen cierta morosidad. Es comprensible que algunos escritores, sobre todo al principio del camino, piensen que el aburrimiento del lector se evita con narraciones ágiles, incluso trepidantes. Del mismo modo, es indiscutible que las posibilidades de que un lector se nos duerma con una historia ―o un pasaje de la historia― son mayores en discursos con cierto grado de lentitud, que en aquellos que mantienen un ritmo más ágil. Ese fue uno de los desafíos que tuve que asumir con el segundo relato de Todas son buenas chicas. (más…)

Cómo escribí “Una buena chica”

Las historias suelen perseguirme bastante tiempo antes de transformarse en relatos. Solo cuando se convierten en evidencias tan insoportables que no me dejan ni de noche ni día, las escribo. Es como un estado de preñez literaria. Ahora mismo tengo una en la cabeza, pero todavía no sé, con certeza, por qué ese hombre mayor va en ese tren de alta velocidad, enciende un puro y discute con la revisora sobre la interpretación semiótica del cartel de prohibido fumar. Pero, poco a poco, se va desvelando el misterio (a base de interrogar al anciano, que aún ni nombre tiene), y ya presiento la inquietud de mi lápiz y mi libreta. Los haré esperar un poco más. (más…)