Archivos por Etiqueta: Todas son buenas chicas

Escribir con pasión pero sin esperanzas

Antecedentes:

El 22/9/2014 publiqué un post titulado «Los beneficios reales de mi libro» (Link), en la cual explicaba que «Desde que publiqué el libro, se han incorporado a mi cotidianeidad personas que, poco a poco, han ido conformando mi red de contención social, aquella que se pierde cuando, como lo hicimos Silvina (Link) y yo, se decide abandonar el país de origen».
Esa frase explicaría el porqué de la presencia de Leo Mazzola (escritor, Link), a Inma García Ros (reseñadora, Link), a María Bonmatí (18 años, reseñadora, Link) y a Mireya Alcaráz (15 años, escritora, Link), en la presentación de «Todas son buenas chicas» del sábado pasado,11/4, en la librería Pynchon&Co (Link) de Alicante. Era una forma simbólica de agradecer a todos los amigos que llegaron a mi vida a través de esos relatos, y que me han apoyado.

Leer más

Seguir leyendo...

Cómo escribí “A Constance, con emoción”

A Constance, Con emoción

Ya he escrito en este blog sobre mis convicciones respecto a la elección del narrador. Quién cuenta la historia es, para mí, una de las decisiones cruciales a la cual se enfrenta el escritor a la hora de escribir un relato (cuento o novela). Hay infinidad de artículos sobre las ventajas y desventajas de cada narrador, algunas de las cuales, pareciera, se han convertido en verdades inalienables. Sin lugar a dudas, la experiencia juega un papel protagonista, pero más aún el conocimiento, no solo de esos manuales de ventajas y desventajas, sino también de la comprensión cabal de las posibilidades de cada punto de vista narrativo en relación a cómo queremos presentar la historia ante el lector para cause el efecto deseado.

Seguir leyendo...

Cómo escribí “Un geranio no se seca ni dándole patadas”

Un geranio no se seca ni dándole patadas

La primera intención de estos post sobre cómo escribí los relatos de Todas son buenas chicas es abrir una puerta para que el lector pueda entrar en la cocina de mi escritura. La segunda es un intento de mostrar las bondades de las técnicas narrativas.

Uno de los pilares del andamiaje narrativo, además del narrador, los personajes y el espacio, es el tiempo. En general se aconseja que la temporalidad de un relato no abarque más de unos días, si acaso unos meses. Esto no significa que no se pueda escribir en media docena de folios una historia que abarca veinte o treinta años, pero requiere mucho dominio técnico. El problema es evidente cuando el escritor se sirve del resumen para transitar esos veinte años, lo cual implica que, necesariamente, habrá de EXPLICAR los hechos en lugar de MOSTRARLOS con escenas vivas en las cuales el lector observe a los personajes en acción.

Seguir leyendo...

Ángeles Platas y Todas son buenas chicas

Ángeles Plata y todas son buenas chicas

Hace poco, en ESTE post, hice referencia a que Todas son buenas chicas, inesperadamente, me había construido una red de contención, aquella que perdí cuando emigre de Argentina. En mi último post (Link), escribí sobre firmar libros, cerrar sobres y llevarlos a correos, y el calor humano de que implica publicar en papel. Hoy, Ángeles Platas no ha hecho más que confirmarme, con un gesto, aquello que vengo sosteniendo.

Conocí a Samarcanda Cuentos (Link), o mejor dicho, leí a Samarcanda Cuentos, en la página de Artistas Creadores de Moon Magazine (Link). El 15 de Junio recibí en mi bandeja de entrada varios correos electrónicos de Pay Pal. Uno de ellos era de «una tal» Ángeles Platas. Tiempo después supe quién es.

Seguir leyendo...

Cómo escribí “¿Y usted le cree al Cacas?”

Y usted le cree al Cacas

La escritura automática es esa que se realiza con el único objetivo de «quenosemevayalaidea»,  sin prestar atención a los aspectos técnicos, y nunca, o casi nunca, arroja un texto definitivo. El octavo relato de Todas son buenas chicas, “¿Y usted le cree al Cacas?, no fue la excepción.

La esencia del placer de escribir habita en la escritura automática, ese momento que nos aparta de la realidad cotidiana y nos sumerge en nuestro mundo ficcional. El trabajo duro, y veces hasta doloroso, es el de la revisión. Incluso, uno de los rasgos de madurez de un escritor es el tiempo que invierte en el trabajo de revisión, porque requiere mucha objetividad y nada de autocomplacencia.

En 1933, F. Scott Fitzgerald, publicó un artículo en el Saturday Evening Post, en el cual destacaba la importancia de la objetividad respecto a nuestro propio texto:

Seguir leyendo...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR
A %d blogueros les gusta esto: