Cuáles son los límites de los géneros literarios

En uno de mis últimos artículos dije que una novela, de cualquier género, es una larga metáfora de las inquietudes del autor. Los límites de los géneros literarios —o los supuestos límites—, se difuminan ante la universalidad de los temas que tratamos los escritores cuando contamos nuestras historias. Por ejemplo, la lucha entre el bien y el mal existe tanto en la vida real como en una historia de ciencia ficción, de terror o en una novela negra. Lo que conecta un relato de ciencia ficción con la realidad es que los personajes pueden ser mutaciones intergalácticas de las mantícoras, pero los conflictos a los que se enfrentan son tan humanos como los de Madame Bovary, Leopold Bloom o el vecino de 4to B. Por eso, una novela es una metáfora de las inquietudes del autor, pero también de la realidad. En ese sentido, ningún género escapa de esos atributos realistas. (más…)

La absorción de las técnicas narrativas

En las primeras páginas de Icapú, su segunda novela, Karla Brenes escribió esto:

Mi agradecimiento especial al escritor Néstor Belda por sus consejos y por su apoyo en el trabajo más duro del oficio de escritor: la revisión de la obra.

Honestamente, me parecería sobradamente lógico que, si estás leyendo esto, te preguntes qué hay de significativo en esa frase. Después de todo, hay millones muy similares. Pero lo significativo de esa frase ni siquiera está en ella, sino en que Karla Brenes fue alumna mía del Curso Online de Técnicas Narrativas. (más…)

Contemplar la literatura: “13 hojas de otoño”

He interrumpido las publicaciones en este blog, pero a conciencia. En estos últimos 60 días he tenido que dar prioridad a los trabajos de corrección y maquetación —mi pan de cada día—, pero, sobre todo, a mi proyecto de volver a impartir cursos de técnicas narrativa online, una actividad que abandoné con la publicación de Todas son buenas chicas, y que me permitía disfrutar la literatura, no os imagináis cuánto, desde la cercanía y el talento de muchos escritores en ciernes. Esta vez no será en plataformas ajenas, si no en mi propia aula virtual. (más…)

La inmensidad de las palabras pequeñas

A veces leo autores que me dan ganas de salir corriendo a buscarlos y abrazarlos. Eso me ha ocurrido con Mercè Rodoreda. Hace unos meses tomé contacto con su literatura, a través de su novela La plaza del Diamante.
No escribo reseñas, ni este artículo pretende serlo. Ya tengo bastante con mis cosas como para meterme en un campo en el cual hay verdaderos profesionales. No obstante, quiero mostrar un fragmento de esta novela (en especial el segundo párrafo), que es un espejo del magisterio de Mercè Rodoreda, y un ejemplo de LITERATURA. (más…)

Mireya Alcaraz: La capacidad de extrañamiento

Mireya Álcaráz tiene dieciséis años y es escritora. La conocí cuando tenía catorce y, desde entonces, la he adoptado literariamente, del mismo modo que en mi adolescencia me adoptó don Américo Calí. Sin más preámbulos, los dejo con su nuevo artículo, «La necesidad de escribir».

¿Has pensado en los que irán ahora a dormir en nuestra cama? ¡Qué poco sospecharán lo que han visto! ¡Sería bonito escribir la historia de una cama! Así, en cada objeto vulgar hay maravillosas historias. Cada adoquín de la calle tiene quizá su lado sublime.
Gustave Flaubert. 8ª carta a Louise Colet.

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Mireya Alcaraz: Me encantan esos tachones

En este post (Link) les presenté a Mireya Alcaráz (escritora, 14 años), y les informé que iría publicando sus progresos. Pero luego lo pensé mejor: ¿Por qué no dejar que ella misma se exprese y tenga contacto con sus futuros lectores? Así que he decidido incorporarla como bloguera de El narrador, hasta que ella considere que es hora de tener su propio espacio. A continuación, su primera entrada.

Espero que la disfrutéis.

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Mireya Alcaráz, 14 años, escritora

En el mes de julio, María de Alicante me compró un ejemplar de Todas son buenas chicas. Unos minutos después, luego de haber leído en la solapa que yo imparto cursos de técnicas narrativas, se volvió para comentarme que su hija Mireya, de catorce años, escribía y leía mucho, y que a ella le parecía que lo hacía muy bien. Lo que a continuación me pidió fue que le recomendara lecturas y qué hacer para ayudar a su hija. Entonces recordé mis comienzos, y lo importante que fue para mí conocer a don Américo Cali (que comento en este Link), y, entonces, escribí en un papel mi correo electrónico y le dije que me enviara un relato.

El 4 de agosto, un mes más tarde, recibí este email:

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Escribir desde la fragilidad del oficio

Treinta o cuarenta años atrás, publicar un libro era un hecho relevante, pero ahora es solo un trámite y, si es en papel, algo de dinero. Hace unos meses estuve en la presentación de la novela de una escritora amiga, la periodista Mónica Mira Garcés (Link). En ese acto, Mónica dijo que ella solo había escrito una novela y que eso no era importante. Lo dijo en otro contexto y por otras razones. Lo cierto es que yo he escrito un libro, pero es uno más de los 79.000 que se publicarán en 2014 (basándome en las cifras del 2013, según el Instituto Nacional de Estadísticas). Esa cantidad no incluye los libros digitales, que fácilmente se pueden publicar en plataformas como Amazon, y con los cuales estimo que podríamos hablar de unos 120.000 títulos, o más. La verdad es que escribir un libro y publicarlo, actualmente, es muy sencillo, a pesar de que escribir literariamente no lo es. Y yo me pregunto, ¿cuántos autores tienen el sentimiento de la fragilidad del oficio de escritor que tengo yo? (más…)

Un relato dedicado a don Américo Calí: capitán de ruiseñores

Conocí a don Américo Calí la tarde de un miércoles de mediados de 1978.

Dos años antes de aquel día, leí por primera vez «El milagro secreto», un cuento de Jorge Luis Borges, incluido en Ficciones, y al día siguiente, con catorce años, hice dos cosas: escribí mi primer relato, y comencé mis incursiones semanales por Chimirka, una librería de usados de la calle Garibaldi casi esquina San Juan, en la lejana provincia de Mendoza, Argentina. (más…)

Clarice Lispector y la palabra como carnada

Hoy quiero volver sobre una frase de Clarice Lispector, extraída de Notas sobre el arte de escribir:

«Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.» (más…)

Leer la mayor cantidad de literatura buena. ¿Nada más?

Hoy quiero referirme las palabras de Hanif Kureishi, el autor de El buda de los suburbios, citada en el artículo de Andrés Hax, «El fraude de los talleres literarios»:

Si quieres escribir lo que tendrías que estar haciendo es leer la mayor cantidad de literatura buena que puedas, por años y años, en vez de malgastar la mitad de tu carrera universitaria escribiendo cosas que no estás listo para escribir. (más…)