Sobre cómo planifico mi novela I

Hace unos cinco o seis años escribí un cuento, el más largo que he escrito y que, aun así, me dejó cierta sensación de escasez, de que merecía una novela. Desde ese entonces, la idea fue tan persecutoria, que poco a poco el tema, el argumento, la trama, los personajes… estuvieron a punto. Incluso el título y para qué querría escribirla. Solo faltaba eso, escribirla.

Creo que, como mínimo, el 60% de mi biblioteca está compuesto por libros de narrativa breve. Del mismo modo, no he hecho otra cosa que escribir cuentos. Nunca he escrito una novela y, para hacerlo, era obvio que necesitaba algo más que esa especie de sexto sentido que uno desarrolla para percibir la redondez o las aristas que hay que pulir de un cuento. ¿Cuánto y qué de mi experiencia me serviría? Con esa inquietud, y la seguridad de que cada género requiere una «disciplina» diferente, comencé el proyecto.

El punto de partida

Un cuento y una novela tienen, en general, la misma estructura argumental: Planteamiento-Nudo (o Desarrollo)-Desenlace (de ahora en adelante PND). Desde ese punto de vista, la única diferencia sería la extensión. Abelardo Castillo, en una sus Mínimas para ser escritor, dijo:

Los novelistas y los editores creen que una novela es más importante que un cuento. No les creas. Sólo es más larga.

Es una «mínima» aparentemente simple pero un concepto muy interesante. He leído novelas más largas que un cuento, pero también he leído muchas que son verdaderos cuentos alargados, novelas a las que les sobran páginas. Me ocurre con Hemingway: Toda la magia y esplendor de sus cuentos se me esfuma en sus novelas. No me ocurre con Truman Capote, pero él mismo dijo que todas sus ambiciones literarias giraban en torno a la disciplina que exige el cuento. En el prólogo de Doce cuentos peregrinos, Gabriel García Márquez comenta que «el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje.».

No es lo mismo una «novela larga» que una «novela alargada». Clic para tuitear

Que una novela no se convierta en un cuento alargado puede ser un viaje azaroso, a no ser que se tenga la capacidad de Stendhal, que carecía por completo de método. Soy consciente de que convivo con una especie de caos, que mantengo —o intento mantener— bajo control, pero ignoro si ello me vale para mantener encauzada una novela. En consecuencia, que decidí trazar un plan.

Las matemáticas literarias

He perdido la fuente, pero recuerdo que hace muchos años leí un artículo de un ingeniero que un día se decidió a escribir una novela, pero tenía la obsesión de saber, en números, a qué se enfrentaba. Es un asunto que he conversado varias veces con Ana Bolox: La famosa escaleta. Yo andaba con mis tribulaciones novelísticas a cuestas y Ana me decía «ya verás cómo se te aclara todo con la escaleta».

Que una novela no se convierta en un cuento alargado puede ser un viaje azaroso Clic para tuitear

Nunca comprendí muy bien eso de ponerle números —cantidad de palabras, capítulos, escenas— a la esencia creativa de escribir una novela, pero si algo me ha enseñado la vida es que hay que escuchar a los que tienen más experiencia o conocimientos que uno, y Ana, de planificar novelas, sabe mucho. Aunque estoy convencido de que no conseguiré que mi brújula se someta a sus designios, tener una visión panorámica de la obra hace que el proyecto sea, o parezca, mucho menos incierto.

Si bien tenía a Ana, además de que en internet hay disponible mucha información al respecto, quise construir mi propia experiencia sobre la planificación de una novela. Para algo deberían servirme mis conocimientos de estructuras narrativas. Entonces, primera pregunta: ¿por dónde empezar? Cualquier cifra es ciertamente hipotética. No obstante, por alguna había que empezar, y la más lógica es la extensión. Una novela de doscientas cincuenta páginas está muy bien, sobre todo si es la primera. Luego de realizar unos cálculos, partiendo de la comparación de la maqueta de Todas son buenas chicas, una configuración determinada en Word y mi experiencia como corrector, llegué a la conclusión de que serían unas 87.500 palabras, aproximadamente unas 350 por folio.

Como dije anteriormente, tanto una novela como un cuento poseen una estructura y el asunto era cómo distribuir esas 87.500 palabras en esa estructura argumental. Esto es, cuánto destinar a planteamiento, cuánto a nudo o desarrollo y cuánto a clímax y desenlace. Para ello, me dediqué a analizar unas veinte novelas cuyos argumentos y estructura (el tradicional PND) me habían agradado. La conclusión fue que, aproximadamente, tanto el planteamiento como el desenlace suelen ocupar entre un 15 y 25 por ciento de la obra, así que consideré saludable coger por el camino del medio y hacer una previsión del 20% para cada sección. Redondeando cifras, me quedó así:

Planteamiento: 18.000 palabras
Nudo o Desarrollo: 51.500 palabras
Desenlace: 18.000 palabras

En este punto de la planificación, cualquiera diría que esto tiene toda la pinta de una torpe sombra chinesca, de esas que no se sabe si representa a un perro o un pato. Sin embargo, si se tiene claro el argumento, la trama y subtramas, los personajes, los puntos de giro, etc., esas cifras hipotéticas empiezan a cobrar sentido literario. Estas matemáticas literarias son nieve frita sin esas certezas previas. No voy a negar que, incluso así, me siguiera pareciendo paradójico ajustar una novela a unos cálculos matemáticos. Pero, mirado con perspectiva, sería como un GPS: Si nos desviamos de la ruta para comprar tabaco, siempre se puede «recalcular».

En resumen, tenía un proyecto de 87.500 palabras, distribuidas en planteamiento, nudo y desenlace, y había que ordenarlas en escenas o capítulos, con su conflicto y puntos de giros. Como comprenderéis, si no hay un trabajo previo, esta etapa sería como salir a cazar mariposas con unos palitos chinos. Como yo ya lo había hecho, y lo tenía documentado, no solo fue sencillo, sino que también resultó placentero.

En próximas entregas continuaré con esta etapa y también explicaré los pasos previos a estas matemáticas literarias. Con el mismo espíritu de todos mis artículos, con esto solo intento aportar mis experiencias. Pero, como siempre digo, si algo de esto te resulta de utilidad, fantástico, pero no te olvides de construir tu propia caja de herramientas.

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11 comentarios en “Sobre cómo planifico mi novela I

  1. Muy interesante y acertado el artículo. El éxito de una buena historia radica en el adecuado planteamiento de parte del autor. Aunque confieso que en ocasiones me decanto por la improvisación, la cual no deja de sorprenderme.

    Esperaré la continuación del artículo. Cuídate mucho

    1. Hola, Piper. Gracias por tu comentario.
      Una planificación es, en realidad, como es una guía, un mapa para saber dónde estamos parados. Nunca debería matar la inspiración ni las nuevas alternativas que surgen de ella. Al menos, yo no me lo tomo de esta manera.
      Un abrazo.

  2. Muy buena reflexión para posicionarse para afrontar la tarea de escribir una novela. Incluso para relatos breves viene bien buscar cierto patrón. Por su puesto que para escribir es necesario algo de improvisación, aunque en esto de escribir más que improvisación creo se trata de espontaneidad inspiracional. Me refiero a esos arrebatos reflexivos que se apoderan de tu mente y que has de escribir o plasmar en ese momento y en caso de dejar escapar se esfumarán, o al menos lo recuperaras con otras palabras no tan exactas como las que generaste en aquel momento de inspiración. Con todo, escribir no deja de ser un trabajo y si se ponen ciertas pautas, el trabajo se agiliza, siempre que no merme a la creatividad. Pero nadie escribió una novela ni un ensayo del tirón, sin reescrituras ni correcciones.
    Estaré atento a entradas posteriores, para seguir tu trabajo Néstor.
    Saludos.

    1. Hola, Luis.
      Mira, siempre he pensado que en la vida es mejor tener un plan que no tener ninguno, y escribir es parate de la vida. De cualquier modo, Siempre puede surgir situaciones no contempladas, como que la inspiración te traiga ideas que enriquecerían la novela. Yo estoy casi seguro de que con mi experiencia, podría haber escrito esta novela sin planificarla, pero con algunas incertidubres que un plan la mitiga.
      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

  3. Se agradece el tono medio irónico del artículo, ya que no recuerdo que fuera precisamente agradable la construcción de la escaleta de mi primera y aún nonata novela: faltó poco para que borrará todo el glamour que suponía debía tener la profesión de novelista. Menos mal que soy de mates que si no….
    Un saludo.

    1. Hola, Javier.
      Tal vez se deba a que yo me lo tomé medio como experimento, medio como juego. El resultado fue que, a medida que avanzaba, esos números abstractos iban tomando consistencia literaria. Puede ser que casi 40 años en esto de la literatura me ayudaran a que lo vea de ese modo, pero lo cierto es que fue divertido.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

  4. ¡Vaya! Admiro muchísimo esa capacidad de organización mental y autocontrol ya en la primera novela. Normalmente una planificación tan detallada es algo que nos espanta cuando nos sentamos a escribir nuestra primera novela. ¡A mí me llevó no solo una, sino cinco, entender la importancia de una buena planificación!
    Tengo mucha curiosidad por saber cómo ha seguido ese proceso de planificación. ¡Estaré atenta a las próximas entradas de la serie!
    ¡Saludos!

    1. Hola, Elena,
      Perdona el retraso en mi respuesta, he andado un poco liado.
      Mira, la verdad es de capacidad de organización mental, ninguna. SOy un caos. Pero, aunque es mi primera novela, lleva 40 años en esto de escribir e impartir cursos de técnicas narrativa, y unos diez como corrector, así que algo de experiencia en estructuras tengo. Parece un mundo, pero no es tan complicado. Pronto publicaré la segunda parte.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo

  5. Tanto en mis cuentos como en todas mis novelas he seguido técnicas de planificación distintas, algunas muchisimo más rigurosas que otras; con meses de planificación previa, dependiendo de distintos factores. Pero jamás he aplicado las limitaciones de cálculos matemáticos, porque, para mí, es igual que limitar la creatividad y ponerle un límite y una extensión.
    Eso sí, sin caer en la tónica de las telenovelas, que las van alargando y alargando según sea la audiencia. Por supuesto que una novela tiene que tener un límite, desde sus mismos inicios, pero ese límite, en mi concepto, no es el número de páginas o de tomos que ocupará.
    Me resultaría absurdo, por no decir imposible, determinar, desde un principio, que esa novela tendrá nada más que 250 páginas o 400. Eso sí, alguna ha habido que he capado y recortado algo para ajustarla a un solo tomo impreso, pero hasta ahí nada más.

    Supongo que cada quien tiene su estilo y su técnica. Pero lo que es bueno para algunos escritores no necesariamente lo será para todos los demás, porque los procesos creativos son distintos. Y lo que puede ser conveniente para un cuento o para una novela en particular, no necesariamente lo será para otras. Tengo algunas que ocupan cuatro tomos y 3000 páginas. Otras tan solo tienen 250. Pero ninguna fue más sencilla de planificar ni de escribir que otra.

    1. Hola, Alfredo:

      Respecto a la extensión, o las matemáticas, opino lo mismo que tú, y creo que en el primer artículo lo dejo bastante claro. Del mismo modo, tampoco creo que haya que capar una novela para ajustarla a una extensión determinada. Mi mayor preocupación surge de mis inquietudes como lector: Son muchas las novelas que he leído a las cuales le sobran páginas. En teoría, la única diferencia entre novela y cuento es la extensión, y lo que tienen en común es que no debe sobrarles nada. En resumen, ignoro cuántas páginas ocupará mi novela, pero tengo la certeza de que necesitaré 30 capítulos.
      Un abrazo y buenas letras.

  6. Estupendo artículo. Todavía estoy verde para iniciar el camino de una novela, pero es curioso que siempre me planteé de cuántas palabras podríamos estar hablando. Estás matemáticas literarias me van a servir para hacerme una idea. Y no es descabellado el planteamiento, la música, se basa en matemáticas para la construcción del ritmo, ¿cómo no va a poder medirse una obra literaria por la duración en palabras de sus partes.

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