Cómo escribí ¿Por qué ha dicho eso?

Como cualquier relato, «¿Por qué ha dicho eso?» también es un edificio sustentado por cuatro columnas: narrador, espacio, tiempo y personajes. Si alguna de ellas falla, toda la estructura se debilita.

Ya he hablado, en este blog, de la trascendencia del narrador, las funciones del espacio, y de la vitalidad que deben transmitir los personajes. De las coordenadas temporales me ocuparé en breve.

En el cuento, por su brevedad, los personajes deben construirse con precisión y concisión, por lo cual es imperioso aprovechar todos los elementos y recursos narrativos disponibles. Por ejemplo: el cajón del escritorio de una persona es un cuadro autobiográfico, del mismo modo que su forma de vestir y hablar. Integrar diálogos y escenarios es esencial para el escritor de cuentos, si se pretende crear personajes vivos.

Toda historia es como un edificio sustentado por cuatro columnas: narrador, espacio, tiempo y… Clic para tuitear

¿Por qué ha dicho eso?

La chica de la ventana by Noemi Mare
La chica de la ventana by Noemi Mare

Este cuento es el más joven de la colección. Lo escribí en septiembre de 2013 y puse el punto final a la última revisión pocos días antes de enviar todo a la editorial, en marzo de 2014. La inspiración me llegó una tarde que fui a visitar a un amigo a su parafarmacia, y estaba con un agente comercial. La imagen y forma de expresarse de ese hombre ―calculo que rondaría los treinta y seis años―, hizo que mi cerebro imaginara su vida (después supe, por mi amigo, que es una gran persona; las apariencias engañan). Esa misma noche me puse a escribirla.

Una de las satisfacciones que me ha proporcionado este relato es que los lectores que me han comentado sus impresiones se refieren a él como el cuento de Dana y Débora, pero no recuerdan el título. Lo mismo me ocurre con el primero, «Una buena chica», que ha  abandonado ese título para llamarse «el cuento de Sonia y el Erre». La satisfacción proviene de que los personajes han trascendido la propia historia, con lo cual se renueva mi fascinación por la escritura de un cuento, y es por ese desafío de esconder un universo detrás de tanta brevedad.

En el cuento, por su brevedad, los personajes deben construirse con precisión y concisión Clic para tuitear

Hace poco me preguntaron si escribía en ordenador o con lápiz y papel. Las dos cosas. En este cuento hay varios pasajes con los cuales quería transmitir mucho en pocos párrafos, además de un diálogo entre cuatro personajes que tenía que fluir sin confundir al lector. Cuando me ocurren estas cosas, cojo mi libreta. Tengo la sensación de que el tiempo discurre con cierta lentitud con la escritura manuscrita, lo cual me facilita percibir con mayor intensidad las sensaciones que me transmiten cada una de las frases (sobre todo porque sospecho que mi cerebro es mononeuronal).

También suelen preguntarme si cuando empiezo escribir una historia tengo claro todo el desarrollo, incluido el desenlace. Lo cierto es que, la mayoría de las veces, tengo una idea un tanto lánguida del desarrollo y, con más certeza, el tema. Respecto a los finales, al contrario que Borges, son raras las ocasiones en la cuales lo tengo decidido e, incluso, cuando lo tengo decidido, a menudo los cambio. En el caso de “¿Por qué ha dicho eso?“, ensayé siete finales. El séptimo fue el bueno. Lo anecdótico es el modo en que me llegó. Solo diré que fue por el redescubrimiento de un objeto cotidiano que está en un estante, al lado del váter.

Creo que es una buena historia. Vosotros diréis.


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