Mi prólogo de “El viaje” [8 relatos]

He tenido la satisfacción de escribir el prólogo de El viaje, la colección de relatos  publicada por “Palabra sobre palabra”, y que pueden leer a continuación.

Prólogo de “El viaje”

Cuando el administrador de la comunidad de escritores Palabra sobre palabra de la Asociación de Escritores en Lengua Castellana (ASELCA), me propuso escribir el prólogo de este libro, con los ocho relatos finalistas del I Concurso de Relatos Breves organizado por dicha comunidad, lo primero que me vino a la mente fueron los fallos de algunos concursos, en los cuales se descartaron relatos cuya calidad y técnica narrativa eran impecables. Sin embargo, cuando recibí las copias de los ocho cuentos finalistas que componen este libro, sentí el alivio de coincidir con el jurado. Recién entonces acepté la propuesta de escribir este prólogo.

Néstor Belda │ Prólogo de “El viaje”

Lamentablemente, en la actualidad, pareciera que el cuento, comparado con la difusión comercial de la novela, fuera un género menor, casi un subgénero. Pero no es así. El cuento es el género más exigente de la narrativa, no porque lo diga yo, sino porque lo confirman muchos de los grandes de la literatura.
Jorge Luis Borges dijo:
«[…] creo que hay escritores –y aquí pienso en dos nombres, inevitables  desde luego, pienso en Rudyard Kipling y pienso en Henry James– que pudieron cargar un cuento con todo lo que una novela puede contener. »
Es cierto que Borges era cuentista, pero cuando a Truman Capote, en una entrevista para The Paris Review, Pati Hill le preguntó acerca de qué fue lo primero que escribió, respondió:
«Cuentos. Y mis ambiciones más firmes giran todavía alrededor de ese género. Creo que el cuento, cuando es explorado seriamente, es el más difícil y el más riguroso de los géneros en prosa existentes. Todo el control y la técnica que yo pueda tener se lo debo enteramente a mi adiestramiento en ese género.»
El propio Gabriel García Márquez, en el prólogo a Doce cuentos peregrinos, nos dice:
«[…] a mitad del tercer cuento, que era por cierto el de mis funerales, sentí que estaba cansándome más que si fuera una novela. […] Ahora sé por qué: el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela.»

El Premio Nobel 2013, otorgado a Alice Munro, confirma el valor de la narrativa breve en el universo literario, y espero que sirva de impulso para poner al cuento en el lugar privilegiado que le corresponde en los anaqueles de las librerías.

El lector de este libro se encontrará con ocho cuentos cuyas calidades invitan a avanzar hacia el desenlace, desenmarañar temas desde el propio extrañamiento de sus autores, y quedarse con el regusto que la buena literatura deja en el lector, incluso luego de haber cerrado el libro.

El viaje, de Aurora Villalba Navarro, el cuento ganador, nos pone de cara a la soledad de una madre ante una realidad de la cual no puede alienarse y que se abre ante ella como un abismo insalvable. Sin lugar a dudas, si un alumno de mis cursos de narrativas comenzara el cuento de esa forma tan cotidiana —una madre que recoge a su niña a la salida del colegio—, le diría que está bien, pero que no hay ninguna información notable de donde asir la historia. Sin embargo, la magia de la naturalidad de Aurora nos envuelve y nos desliza frase a frase, al tiempo que la trama se va espesando hasta el punto de ponernos frente a frente a un puzle cuyas piezas comienzan a encajar y a desnudar nuestras emociones.

Cuando leo el relato de un autor desconocido, siempre valoro la honestidad de su voz para contarnos su historia, y la transparencia que, como lector, me permite entrar en su modo de ser y estar en este mundo. Con el segundo premio, Luvina en armas, de Santiago Vázquez, esos dos aspectos convergen en un cuento en el cual nos advierte que la atmósfera estéril para la vida de Luvina, de Juan Rulfo, existe, y que no se deben borrar las palabras que describen los horrores de una humanidad que, a veces, ignoramos, pero que en su cuento nos golpea en el pecho.

De la mano de Joaquín Alejandro Mier Martínez, nos llega el tercer premio, Al pueblo que vieres, una semblanza costumbrista que juega entre el realismo mágico de los mitos y leyendas que invaden las comarcas mexicanas, y la soberbia de un hombre de ciudad.

Cinco relatos, finalistas del concurso, que nos llevan de la mano por temáticas tan disímiles como cautivadoras, completan una colección que deja en evidencia la laboriosa decisión del jurado a la hora de decidir las posiciones.

Luego de haber leído todos los cuentos que componen este libro (privilegio que agradezco), me quedo con la agradable sensación de que hay muy buenos escritores que hacen honor a la narrativa breve, y la revitalizan. Por otra parte, esta colección es el testimonio de la firme apuesta de la comunidad de escritores Palabra sobre palabra y de ASELCA, por la calidad y por allanar el camino de los que, como estos ocho autores, se afanan por expresarse con una escritura verdaderamente literaria.

Comentar