En este artículo sobre networking, Gabriella Campbell dice que «todos hemos ensayado nuestro discurso de aceptación del Nobel delante del espejo, todos». Bromas aparte [me niego a confesar mi casi casi], esa frase de Gabriella renovó una pregunta que me he hecho muchas veces:

¿Alguna vez un autopublicado accederá a un premio Nobel?

Pablo Neruda no cuenta. Me refiero a escritores que solo autopublican.

Cuando empecé con esto de las redes sociales y el blog (hace más o menos de dos años), un profesional influyente en las redes sociales, luego de ver mi primer encabezado en Twitter, en el cual aparecía la portada de mi libro con el sello de la Editorial Círculo Rojo, me dijo, en el chat de Facebook, que «Los profesionales si ven libros autopublicados no se los toman en serio».

Cambié el encabezado. Por aquel entonces, yo era muy nuevecito en esto del mundillo editorial e Internet como herramienta de promoción. La ignorancia tiene esas cosas.

Desde aquel día, algo he aprendido. Lo que no he podido saber con certeza —solo lo intuyo— es a qué profesionales se refería mi interlocutor. Lo único que tengo claro es que ser autopublicado, para algunos «¡oh, profesionales, oh!», es símbolo de rechazos editoriales, y si hay rechazo editorial, estos «¡oh, profesionales, oh!» tienen muy claro que es porque no hay calidad. Pero, como dije en la entrevista que me realizó Nuno Cobre para «Las palmeras mienten», «salvo que me lo recomiende alguien de mi entorno, no leo nada que venga del compadreo de editoriales, críticos y medios para cuyos objetivos la calidad de la obra es irrelevante». Como las lentejas: Al que les gusta las come, y al que no, las deja.

Seré un novato perdido en un laberinto de SEO, redes y marketing, pero llevo cuarenta años en esto de escribir y tengo muy claro que el éxito editorial —las ventas— y el éxito como escritor —literario—, son éxitos diferentes, con objetivos y motivaciones diferentes. Tan diferentes que a uno lo podemos advertir enseguida en los rankings de plataformas como Amazon y el otro es un reconocimiento que llega con el transcurso del tiempo. ¿Son incompatibles? Por supuesto que no. Por el contrario, hacer confluir ambos éxitos es el estado ideal. ¿A quién no le gustaría que una gran editorial lo incluya en su plantilla o ser capaz de montar una campaña de marketing infalible?

El éxito editorial y el éxito literario, son éxitos diferentes, con objetivos y motivaciones… Clic para tuitear

La realidad es que el éxito de un libro depende de muchos factores, entre los cuales la calidad literaria no es la más influyente. En mi biblioteca tengo libros autopublicados y de editoriales tradicionales que he comprado porque el autor tenía muchos seguidores en las redes, un buen blog o buenas críticas en los grandes medios. Algunos son verdaderas joyas, pero, otros, una lamentable mayoría, con mucha generosidad lectora redondean una buena mediocridad.

LA MALA FAMA DE LA AUTOPUBLICACIÓN

Preconceptos. Etiquetas. La mala fama de la autopublicación ronda esa idea de que es un plan B a los rechazos editoriales, como si los mismos que publicaron a Belén Esteban fueran el paradigma de la calidad literaria.

¿Con qué hemos contribuido los escritores a la mala fama de la autopublicación? Clic para tuitear

Pero ¿con qué hemos contribuido los escritores a la mala fama de la autopublicación? La gratuidad de las plataformas ha alentado la superpoblación de ediciones descuidadas, con una redacción más propia de un alumno aventajado de primero o segundo de educación secundaria, y cuyas revisiones fueron confiadas al autocorrector de Word (que no distingue «saco» de «sacó») o, si acaso, a algún amigo o familiar con «buena ortografía». No voy a extenderme en la imagen nefasta que deja un autor que no ha sometido su obra a la mirada objetiva del corrector literario, pero sí voy a afirmar que, multiplicada por miles, es uno de los factores de la mala fama de la autopublicación.
Al respecto, hay un artículo en el blog de Luis Tamsley: «Correctores de textos, traductores e informes de lectura». Es del 14 de mayo de 2014, y es el último que escribió en su bitácora. En él habla de su periplo con los presupuestos de corrección y traducción, que resume con una frase concluyente: «Por lo tanto, decidí prescindir de los servicios de un corrector, ya que consideré que no compensaba el esfuerzo económico». Luego, en respuesta a un comentario, dice: «Actualmente escribo otro tipo de novelas orientadas a un público más… indulgente». Así, con puntos suspensivos y todo. Me parece una falta de respeto hacia los lectores. Aunque, pensándolo bien, igual estoy equivocado y podríamos empezar  a catalogar los libros según las competencias ortográficas, gramaticales y literarias del lector. Se lo voy a sugerir a Amazon, Bubok, y demás plataformas, que seguro que estarían encantados con la propuesta. Ya lo veo: «Clasificación: Novela recomendada para lectores con mala ortografía».
Lo que yo creo, de verdad, es que Luis Tamsley le trae sin cuidado la literatura. Dame pasta y sobre literatura… ¿qué era eso? Por ahí viene a la segunda razón de la mala fama de la autopublicación.

TRABAJA UNA VEZ Y GANA DINERO DURANTE AÑOS

Siguendo la pista de Luis Tamsley en Internet, llegué a «Publicar para Kindle: un negocio en auge», un artículo de Ángel Alegre en Vivir al máximo, en el cual me encontré con unas frases muy interesantes:

Lo que me atrae de este modelo de negocio es que sigue la misma filosofía que las páginas nicho: trabaja una vez y gana dinero durante años.
[…] el género que más dinero da, con diferencia, es la FICCIÓN, y que para escribir una novela de ficción no necesitas ser Julio Verne.
[…] las novelas románticas/eróticas pueden ser MUY lucrativas.

Y la mejor de todas:

Cómo subcontratar a escritores por Internet para que escriban tus libros por ti.

La mala fama de la autopublicación

Está bien que, al menos, no haya utilizado la palabra literatura. Ni en el artículo ni en los comentarios, entre los cuales hay uno de Tamsley, muy preocupado porque no conseguía descargar el curso.

Por supuesto, esto no tiene, en absoluto, nada de malo. Al contrario, genera muchas fuentes de trabajo. Unos fabrican perfumes; otros, atún en conserva; y otros fabrican libros. Pero es muy distinto fabricar libros para vender que escribir un libro y venderlo. Diferencia sutil, pero que el lector de literatura advierte. Lo único que me fastidia es que esto también ha contribuido a la mala fama de la autopublicación, y que —lo confieso— alguna vez han conseguido engañarme.

Es muy distinto fabricar libros para vender que escribir un libro y venderlo. Clic para tuitear

EL ESTÓMAGO DEL ESCRITOR ES UN HEREJE

El estómago de los escritores es un hereje literario: nos pide comida como el de cualquier mortal. Lo llenas, y las pocas horas pide más. Es insaciable. No nos comprende. Además, las compañías eléctricas no nos conceden becas: nos envían sus recibos puntualmente. Ignoran nuestra vocación. Así que, a la hora de publicar, si decides vivir de la literatura, la autopublicación representa una fuente de ingresos interesante.

El estómago de los escritores es un hereje literario: nos pide comida como el de cualquier mortal. Clic para tuitear

Hablando en dinero, la diferencia que te aporta la autopublicación, frente a las regalías de las editoriales, es sustancial, pero autopublicar significa que tienes que asumir todas las labores y gastos que una editorial seria asume. Las ganancias de un libro autopublicado de 110 páginas (siempre hablando de papel), con una tirada de 300 ejemplares, equivaldrían, aproximadamente, a 2000-2200 ejemplares de una editorial tradicional. Ahora, encuentra una editorial que le haga una tirada de esa magnitud a un desconocido, y que, además, la venda.

Si investigas un poco en Internet, te encontrarás con webs como las de Gabriella LiterariaAna Gonzalez Duque, Ana Nieto (Triunfa con tu libro), o Miguel Ángel Alonso Pulido, en las cuales te explican cómo promocionarte con buenas expectativas de éxito, y otras como las de Valentina Truneanu y Mariana Eguaras, verdaderas expertas en el proceso editorial. Te aseguro que si sigues sus consejos, si trabajas tu marca de escritor, tus expectativas se materializarán. Y no solo eso: podrás recuperar lo que invertiste para que tu obra sea impecable.

¿QUIERES QUE TE PUBLIQUEN O QUIERES QUE TE LEAN?

He conocido muchos escritores que, cuando hablamos de su libro, rápidamente te aclaran que a ellos «los publicaron», como si ser autopublicado fuese una vergüenza. Incluso, algunos quieren hacérnoslo creer cuando, en realidad, es una autopublicación encubierta.

En junio de 2014 autopubliqué Todas son buenas chicas. Ahora bien, si una editorial me hubiese publicado la cifra habitual, 500 ejemplares, ¿tendría 500 lectores? La respuesta es NO. Les cuento una anécdota.

Me han contactado varias editoriales tradicionales, pequeñas, y a todas, de momento, les he dicho que no. Una de las últimas me planteaba una tirada cercana a los 500 ejemplares, financiada 100% por ellos. El diálogo fue, palabras más, palabras menos, el siguiente:

—¿Y con qué estrategia de ventas cuentan?

—Tenemos distribución en toda España.

—No pregunto por la distribución. Dejar libros en una librería es fácil, tan fácil como que el libro de un desconocido acabe en la peor estantería. Además con 500 libros, ¿cuántos vais a dejar por librería, ¿uno o dos? Dime cuál es vuestra estrategia de promoción y venta. La distribución es solo el camión que reparte libros.

—Bueno, tenemos las redes sociales.

—¿Redes sociales? Si sois invisibles. En Twitter tenéis 129 seguidores y yo casi 5400. En vuestra página de FB tenéis 300 me gusta y yo 3300. Por favor, dime cuál es vuestra estrategia de venta.

—Organizamos presentaciones, mandamos notas de prensa.

—Vale, ¿y quién paga los gastos del autor para ir a las presentaciones?

—Eso lo podemos hablar.

—Vale. Ahora dime, ¿puedes garantizarme que venderán los 500 libros? Yo os cedo los derechos si me lo garantizáis y, además, les cedo las regalías. Lo que me interesa es me lean porque para lo que pagáis al autor…

—Bueno, garantizar garantizar… no te olvides que estamos apostando por ti.

—Yo creo que estáis equivocados. Yo solito, sin distribución ni notas de presas y esas cosas, he vendido casi 400, ¿y vosotros no me podéis garantizar 500?

Fin de la conversación. ¿Por qué? Porque no me garantizaban lectores, que es el objetivo de todo escritor, o al menos el mío. Si no voy a tenerlos, ¿para qué quiero publicar?

No me importaría publicar con una editorial pequeña y ahorrarme el tiempo que hay que invertir en las acciones de promoción. Vivo del entorno de la literatura, no de publicar, así que tampoco me preocupa el tema de las regalías. Mi situación ha cambiado mucho desde el 2014, pero si vuelvo a publicar, quiero que me lean, y ninguna editorial que pueda interesarse en este ilustre desconocido me garantiza lectores.

LO QUE HAY QUE SABER

Hay un  artículo de Mariana Eguaras, «Falsa distribución de libros en editoriales de autoedición o de coedición», en el cual queda claro que muchos autores que recurren a la autopublicación no saben dónde se meten.

Cuidado con los cantos de sirena, que Ulises es un personaje de novela y nuestro estómago, el hereje, es de carne y hueso. Si decides autopublicar, debes tener claro clarísimo que lo único cierto es que te van a imprimir la cantidad de libros que contrates. El resto que te prometan es lo que se mezcla con tu ilusión de verte publicado. Asume, sin dramatismos, que a ellos no les interesa si tu libro tiene calidad literaria, ni les preocupa si consigues venderlos. Su negocio es imprimir, que es lo que tú necesitas. Así de fácil: pagas y te mandan los libros.

Del mismo modo, tienes que asumir que a ti te toca el trabajo de edición y promoción, y, sobre todo, debes comprender que detrás de todo proceso editorial hay una inversión que la autopublicación también exige.

Detrás de todo proceso editorial hay una inversión que la autopublicación también exige Clic para tuitear

La alternativa de la autopublicación digital, aunque es fantástica, no es un paseo por la pradera, con los pajarillos trinando a tu paso y mariposas sobrevolando tu cabeza. Te ahorras la impresión, pero el trabajo y el dinero que deberás invertir en la edición y la promoción, si respetas amas a tu obra y a ti, es inevitable, a no ser que quieras ser un autopublicado más y echarle más leñita al fuego de la mala fama de la autopublicación.

Voy a acabar este artículo reproduciendo las palabras finales de la entrevista que me realizó Nuno Cobre para «Las palmeras mienten»:

En los últimos años, los falsos expertos en lo que sea  crecen como la mala hierba, abonada por un gran dominio del marketing online y las redes sociales,  y una sociedad que sobrevalora el éxito y la fama rápidos. Pero cuando uno lee sus obras o sus blogs, enseguida se advierte que no hay nada que rascar, que sus cualidades pertenecen al conjunto vacío.  Sintetizando, se puede ser superventas y buen escritor, o solo superventas. Si lo que quieres es esto último, muy habitual en la actualidad, entonces no me hables de literatura. Ser escritor es un camino sin atajos que se construye con pasión, aprendizaje, experiencia y honestidad, y en el cual jamás nadie ha visto un cartel que diga: «Aquí acaba tu aprendizaje». El resto es humo de alta densidad.

Imagen destacada: Drew Coffman

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