La trama y la vivencia del lector

En mi artículo anterior, Tema, argumento y trama, desarrollé una introducción muy breve sobre la forma de planificar la escritura de una historia y, a continuación, me centré el objetivo del artículo.

Es realmente curioso que todos los comentarios que recibí, en el blog antiguo y en las redes sociales, se centraran en el asunto de la introducción. Ninguno hizo referencia al tema principal. Es posible que el artículo estuviese mal enfocado, pero lo cierto es que, tanto en los talleres que imparto como en la lectura de narraciones de escritores en fase de formación, los principales defectos que advierto es la falta de objetivación del tema, escrituras que se limitan a explicar el argumento y tramas escasamente desarrolladas.

Néstor Belda │ Escritura Creativa: Trama
La trama enredada, Alejandra Winkhaus, 2009

Tema, argumento y trama

Es verdad que la planificación de un relato ―novela o cuento― es importante, pero, en ese aspecto, yo no creo en fórmulas universales. Juan Carlos Onetti era un escritor caótico, Gabriel García Márquez seguía una rutina inalterable. Es, al menos para mí, una cuestión muy personal. Pero no tiene ningún sentido discutir cuál es el mejor método para planificar la escritura de una novela si no tenemos claro cómo funcionan dentro de una historia el tema (y en sus caso los subtemas), el argumento y la trama.

Hay un concepto que cuesta entender y se refiere a que en una narración lo que se ve es la línea de acción. ¿Por qué? Según la RAE, narrar es contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios. Es decir, en la línea de acción se muestran los hechos integrando los cuatro pilares del andamiaje narrativo: espacio, tiempo, personajes y narrador. El lector lee la línea de acción y, por debajo, está la trama que percibe. Esta sucesión de hechos en la cual subyace la trama es, siempre-siempre, causal, y pueden contarse cronológicamente o no.

Pero vamos un poco más allá. Lo que un narrador, un contador de hechos, debe conseguir es mostrar la trama sin explicarla. Por ejemplo, cómo hacer entender al lector que Juanita está triste, enfadada o indecisa sin explicar o escribir que está triste, enfadada o indecisa. El personaje, los diálogos, la interacción con el espacio y el conjunto de hechos concretos es lo que sumergirá a lector en una trama que implicará a sus emociones. Si en lugar de  ello solo escribimos «la tristeza invadió a Juanita», estaremos explicando el argumento, y negando al lector la vivencia de la historia.

Lo que un narrador, un contador de hechos, debe conseguir es mostrar la historia sin explicarla. Clic para tuitear

Cómo funciona la trama

La mejor forma de entender cómo funciona una buena trama es fijarnos qué explicamos (argumento) cuando un amigo nos pregunta de qué va el cuento o novela tal. Con toda seguridad, diremos que se trata de una chica, Juanita, que estaba triste porque el novio se mató en un accidente. La magia de la literatura reside en que, paradójicamente, a lo largo de la historia no hemos escrito ni siquiera un sinónimo de la palabra tristeza, pero el lector la ha percibido.

El objetivo de todas las artes es con-mover (mover con), es la emoción humana. El de la literatura, también. Las emociones son respuestas psicosomáticas a estímulos externos, que percibimos a través de los cinco sentidos. Sentimos miedo cuando vemos a un malhechor acercarse a nosotros, repugnancia cuando olemos huevos podridos, alegría cuando oímos la noticia de que vamos a tener un hijo. La escritura debe estimular los sentidos del lector para llegar a su intimidad emocional, y debe hacerlo a través de la densidad de una línea de acción que no explique la trama, sino que la muestre. Los poetas le llaman crear imágenes.

La escritura debe estimular los sentidos del lector para llegar a su intimidad emocional Clic para tuitear

Allí radica la fragilidad del oficio de escritor: solo con palabras debemos fabricar una vivencia emocional para el lector. Y esa, para mí, es la esencia de la escritura.

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