Mireya Álcaráz tiene dieciséis años y es escritora. La conocí cuando tenía catorce y, desde entonces, la he adoptado literariamente, del mismo modo que en mi adolescencia me adoptó don Américo Calí. Sin más preámbulos, los dejo con su nuevo artículo, «La importancia de un buen corrector literario».

Si algo llevo grabado a fuego en la cabeza desde mi primera conversación con Néstor eso es: «En un buen libro, lo que ves es un 1% de todo lo que el autor ha trabajado». A pesar de eso, escribir con esa idea en la cabeza es, en mi opinión, uno de los mayores errores que puede cometer un escritor. Se tiene que saber y tener en cuenta, pero jamás usarlo como justificación para desechar el otro 99%.

Aquí entra el juego lo que entendamos por literatura. Si por literatura entendemos algo ordenado, perfecto, armonioso, ornamentado, puro… nuestros intereses en la corrección  van a ir por un lado, pero si por literatura entendemos el orden en el caos, la finalidad expresiva, el arte violento, la reivindicación, una lucha… buscaremos una corrección acorde a esto.

En diciembre de 2015, Néstor escribió un artículo sobre la corrección en el que dijo que «Internet está colmado de recomendaciones, pero hay algo que nadie, o que casi nadie, alude, y es el aprendizaje y la experiencia: El proceso de corrección de una obra debe ser para el autor una experiencia enriquecedora». A lo largo del artículo explicaba que, normalmente, en los siguientes escritos del mismo autor se advertía una mejora.

Los reflejos de un buen corrector literario

A lo que quiero llegar con esto es a desmentir el mito de que «tener un corrector es trampa ñiñiñiñi». Tener un corrector es servirse de herramientas mucho más valiosas y útiles que consejos predeterminados en un libro o en una web. Cada escritor es un mundo, flojea en unas cosas u otras, y necesita correcciones en algo que tal vez esté pautado en otros sitios. Además, un  buen corrector literario no solo corrige. Un buen corrector literario potencia, mejora, explota. Cuanta menos piedad tenga un corrector, cuanto más capullo sea, cuanto más sensible sea su detector de mierda, mejor.

Hace un tiempo le envié un texto a Néstor en el que uno de los personajes le decía a otro:

―Cuida las mariposas, son frágiles, no las dañes.

Él me señaló que cambiara «no las dañes» por «no le hagas daño», un detalle ínfimo, pero las razones que me dio fueron ciertamente reveladoras y contundentes.

Esos tipos de correcciones son pautas o consejos que no encontrarás en la red y que te ayudarán a evolucionar.

El corrector que vaya a pulir tus textos debe ser capaz de entender tu estilo by @mire_af vía @NessBelda Clic para tuitear

También es necesario que el corrector literario que vaya a pulir tus textos sea capaz de entender tu estilo y amoldarse a los personajes, que tenga el tacto suficiente como para saber cuándo alguno de ellos se está saliendo de su papel. Justamente, respecto a los personajes, a la hora de hacer correcciones sobre ellos, o sobre su encastre en la trama, es necesaria una visión mucho más profunda del texto que la del propio autor.

Volviendo a repasar el artículo de Néstor, encuentro totalmente necesario que un corrector literario sea objetivo, ya que, si el escritor parte de una buena base, la forma de entender un texto depende de la experiencia emocional del lector, y un corrector literario no puede pasar por alto las interpretaciones que otras personas puedan darle al mismo texto.

En las ideas literarias de Feijoo (1963), encontramos un párrafo en el que dice:

Enamóranos el estilo de un autor, que ni en la tersura y brillantez iguala a otros que hemos leído, ni en la propiedad les excede. Con todo, interrumpimos la lectura de estos sin violencia, y aquel apenas podemos dejarle de la mano. ¿En qué consiste? En que este autor, tiene en su modo de explicarse un no sé qué que hace leer con deleite cuando dice.

Respecto a ese no sé qué, el corrector literario no lo puede dejar pasar por alto. Él tiene que potenciar las virtudes de la prosa de cada escritor. Este es uno de los motivos por los que creo que la literatura está muy relacionada con la psicología.

El corrector debe potenciar las virtudes de la prosa de cada escritor by @mire_af vía @NessBelda Clic para tuitear

Debemos, pues, distinguir entre un corrector ortotipográfico y de estilo y otro que conoce de estructuras y técnicas literarias. Al primero recurriremos cuando queramos tener un texto bien puntuado o sin faltas ortográficas, como podría ser un texto de carácter divulgativo o científico, en el que no juega ningún papel la psicología del lector ni la musicalidad de las frases. En cambio, si queremos escribir literatura, acudiremos a aquel que domine los laberintos del entramado narrativo, que nos proporcione unas pautas más amplias, que pueden significar la diferencia entre un texto mediocre y uno realmente bueno.

Un escritor jamás debe dejarse guiar por la autocomplacencia y su orgullo by @mire_af vía @NessBelda Clic para tuitear

Concluyo con la idea de que un escritor jamás debe dejarse guiar por la autocomplacencia (mucho menos por sus impulsos) y su orgullo, y pensar que acudir a un profesional, un corrector literario, es ensuciar su texto con palabras que no son  suyas. Un escritor debe aprender desde la humildad y crecer sabiendo que siempre se puede y se debe mejorar, y que solo no lo va a conseguir.


Referencias

Vila Selma (1963). Feijoo: Ideas literarias. Editorial: El libro para todos, Madrid, pág. 81.

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