Mostrar, no explicar: Hacerse la película

«El canario», de Katherine Mansfield, comienza así:

«¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y, sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aun después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: “Antes allí debía de colgar una jaula”. Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo

Con un clavo y una jaula (que ya no está), Katherine Mansfield nos involucra emocionalmente en la tristeza de la protagonista por la muerte de su canario. Podría haber escrito, simplemente, que estaba triste por la muerte del canario, pero la forma visual en que lo hizo, impacta en los sentidos y marca la diferencia entre MOSTRAR y DECIR.

Néstor Belda │ Escritura Creativa: Mostrar, no explicar.Mostrar, no explicar: Ya lo decía Aristóteles

Se insiste, hasta el hartazgo, en MOSTRAR, NO EXPLICAR la historia en lugar de explicarla. MOSTRAR es como ir pintando con palabras los  detalles significativos y las acciones de una película. Como decía Aristóteles, «Llamo poner algo ante los ojos a representarlo en acción» (Retórica, III, 11). Pero frente al papel, la tendencia es a convertir el relato en una abstracción sin visibilidad concreta de los  personajes y las escenas.

MOSTRAR es pintar con palabras los detalles significativos y las acciones de una película. Clic para tuitear

La buena narrativa se distingue por transmitir la historia de manera vivaz. Convertir la trama de nuestra historia en algo vivencial que el lector perciba a través de acciones directas y despierte sus emociones, es un largo recorrido que va desde interiorizar que escribir un buen relato es mostrar la historia hasta saber cómo hacerlo.

La buena narrativa se distingue por transmitir la historia de manera vivaz. Clic para tuitear

En literatura, mostrar, no explicar tiene mucho que ver con lo visual y con activar los sentidos. Imaginaos vuestro relato como si fuese una película. En el cine no hay posibilidades de abstracciones, todo se sugiere por medio de imágenes, enfocando los detalles que hagan estallar los sentidos del espectador. Veamos otro ejemplo, un párrafo de «El niño al que se le murió el amigo»  de Ana María Matute.

«El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. “Él volverá”, pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.»

A través de la selección de elementos y detalles tangibles ―los juguetes que el niño compartía con su amigo, la posición de la cara entre las manos y los codos en las rodillas―, Ana María Matute no solo nos refiere la acción, sino que impulsa nuestra empatía hacia el personaje y sus emociones. Incluso, ese reloj que ya no andaba es todo un símbolo del universo intemporal de la niñez; y qué decir de la actitud de espera al sentarse en el quicio de la puerta.

La visibilidad, mostrar, no explicar, es un puente de detalles y acciones que conecta el relato (cuento o novela) con la intimidad emocional del lector, que percibirá cada escena con los cincos sentidos: los olores, sabores, texturas, objetos y sonidos del entorno, sin olvidar los diálogos y monólogos. Es invitar al lector a «hacerse la película».

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