Frases que se expanden: La técnica de la continuidad

Hace unos días, conversando sobre literatura y escritura con una persona, que por cuestiones de privacidad le llamaré «esta persona», me preguntó si realmente pensaba que el dominio de las técnicas narrativas es tan importante para un escritor. Yo le contesté que cuando uno lee, por ejemplo, una novela, eso se nota. ¿En qué?, me dijo. Pues —respondí—, hay rasgos como el manejo de las coordenadas temporales, la funcionalidad de las descripciones, la construcción de los personajes, el ritmo, la visibilidad, es decir, en cuáles momentos el escritor prefiere mostrar y en cuáles explicar… Luego dijo que, entonces, la diferencia entre un buen narrador y uno mediocre estaría en el dominio de las técnicas narrativas. Respondí que no. Y «esta persona» dijo que, desde luego, mi respuesta era desconcertante.

Néstor Belda │ Escritura creativa: Frases que se expandenLas frases que se expanden

Empecé a tomar contacto con las técnicas narrativas hace más de tres décadas, de la mano de don Américo Calí, mediante las lecturas que él me recomendaba y que luego discutíamos. Con el paso del tiempo, comparando los estilos de diferentes autores, comencé a sospechar que había algo más allá del dominio técnico: las inquietudes propias de cada escritor. Pero no me refiero a las temáticas, que cada cual tiene las suyas, sino a la  perspectiva que cada escritor tiene de la literatura. Dicho de otro modo, las preocupaciones literarias.

Más allá del dominio técnico están las inquietudes propias de cada escritor. Clic para tuitear

Para que esto sea más comprensible, pensemos, por ejemplo, en algunas de las cartas que Gustave Flaubert escribió a Louise Colet, donde le manifestaba sus zozobras. Pensemos, también, en la búsqueda de Hemingway que, en sus años en París, comenzó a desarrollar su estilo sobre las bases de la brevedad, la economía de palabras, la simplicidad, la selección del verbo adecuado, las frases cortas, etc., hasta desembocar en su teoría del Iceberg. Las dudas de Virginia Woolf a cerca de sus capacidades como escritora que la impulsaron hacia la búsqueda de un estilo que le permitiera transmitir, en sus novelas y relatos, la complejidad de sus pensamientos. También podemos mencionar a Clarice Lispector y su relación con el lenguaje, y la permanente «búsqueda de la palabra que diga más que la palabra dice».[i] Y, más recientemente, lo dicho por Mario Vargas Llosa en el encuentro Lecciones y maestros 2008, en la II Cita internacional de la literatura en español: «Creo que a lo largo de toda mi vida de escritor, quizá esto puedan decirlo todos los escritores, he tenido una ambición que está detrás de todo lo que he escrito: contar una historia bien contada». Estos son algunos ejemplos, aunque hay muchos más.

Clarice Lispector: «la búsqueda de la palabra que diga más que la palabra dice» Clic para tuitear

Yo también tengo mis inquietudes, le comenté a «esta persona» y, como es lógico, me preguntó cuáles. Son muchas, pero, en general, merodean las vicisitudes del lenguaje, de la palabra. Una de ellas es la búsqueda de las frases que se expanden por la historia, que su sentido se irradie por toda la trama, en todas las direcciones. A veces es solo la búsqueda de una palabra que se supere a sí misma, pero que, además, sea simple, cotidiana, reconocible. Quizá sea una preocupación inútil, no lo sé, pero son inquietudes para mí inevitables, que me invaden cuando me dispongo a escribir: La frase precisa, la densidad de las palabras.  Cuando le expliqué esto a “esta persona”, se levantó y fue a por su ejemplar de Todas son buenas chicas. Lo abrió y señaló la palabra «chica embarazada que pidió un óleo antiestrías», que aparece en la página 53 y 54. Luego dijo algo así como que esa frase se le quedó pegada durante el resto del relato, con un significado que se expandía en la forma de ser y actuar del personaje.

Continuidad narrativa: Las frases que dimensionan su sentido por toda la trama, Clic para tuitear

Yo sonreí. Lo había entendido. Entonces, pensé que mis inquietudes a la hora de contar una historia, tal vez, no fueran tan inútiles.

Continuidad y las frases que se expanden

Imaginaros el texto como una urdimbre en la cual los hilos se entrelazan hasta convertirse en un tejido único y compacto. Cada uno de ellos está enlazado con los siguientes, pero también con los anteriores y los de al lado; y si uno de estos hilos se rompe, el tejido falla. En un relato o novela, esta sensación de unidad o esfericidad, como diría Julio Cortázar, se llama continuidad. Dicho de otro modo, cada oración, cada párrafo, cada escena conecta con la anterior y la posterior y, a su vez, se irradia por todo el texto. Ello se debe a una estructura invisible, una red de venas y arterias que conectan y alimentan la historia por debajo. Además de la naturalidad, visibilidad, el tono, el ritmo, etcétera, uno de los recursos para conseguir la continuidad es la repetición de conceptos. Pero no cualquier repetición.

Inquietudes literarias que me invaden: La frase precisa, la densidad de las palabras Clic para tuitear

La técnica, básicamente, es un mecanismo de cohesión mediante el cual un concepto remite a otro que ha aparecido anteriormente, y que pertenece al mismo universo conceptual. Parece difícil, pero no lo es. Analicemos un fragmento de De amor y de sombra, de Isabel Allende:

«Digna Ranquileo observó el campo y notó los signos anunciando el cambio de estación.

—Pronto entrarán en celo los animales y se irá Hipólito con el circo —murmuró entre dos oraciones.

Tenía el hábito de hablar con Dios. Ese día, mientras se afanaba con el desayuno, se perdía en largo rezos y confesiones. Sus hijos le dijeron muchas veces que esa costumbre evangélica provocaba la burla de todo el mundo. ¿No podía hacerlo en silencio y sin mover los labios? Ella nos les hacía caso. Sentía al Señor como una presencia física en su vida, más próxima y útil que su marido, a quien solo veía durante el invierno. Procuraba solicitarle pocos favores, porque había comprobado que las peticiones acaban por fastidiar a los seres celestiales. Se limitaba a pedir consejo en sus infinitas dudas y perdón por los pecados propios y ajenos, agradeciendo de paso cualquier acontecimiento beneficioso: paró la lluvia, pasó la fiebre de Jacinto, maduraron los tomates en el huerto. Sin embargo, desde hacían algunas semanas importunaba a menudo al Redentor clamando por Evangelina

 Queda bastante claro que Digna Ranquileo tenía el hábito de hablar con Dios. Isabel Allende lo ha expresado ocho veces mediante ideas que hacen referencia al mismo concepto, frases que se expanden sin que se note que está repitiendo y repitiendo y repitiendo. El párrafo es redundante, sí, pero ni se advierte ni se traba; por el contrario, el texto fluye y, al mismo tiempo, va grabando en la memoria del lector un rasgo de la personalidad de Digna Ranquileo.

Si leéis con mirada crítica cualquier texto narrativo, incluso científico, financiero o periodístico, que os parezca ameno y fluido, descubriréis repeticiones conceptuales.


[i] Dra. Elena Losada en La náusea literaria contemporánea en Clarice Lispector, Tesis doctoral de Carolina Hernández Terrazas, Universidad de Barcelona, Junio 2008, pág. 81

Imagen destacada: Austin Ban


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