Cuáles son los límites de los géneros literarios

En uno de mis últimos artículos dije que una novela, de cualquier género, es una larga metáfora de las inquietudes del autor. Los límites de los géneros literarios —o los supuestos límites—, se difuminan ante la universalidad de los temas que tratamos los escritores cuando contamos nuestras historias. Por ejemplo, la lucha entre el bien y el mal existe tanto en la vida real como en una historia de ciencia ficción, de terror o en una novela negra. Lo que conecta un relato de ciencia ficción con la realidad es que los personajes pueden ser mutaciones intergalácticas de las mantícoras, pero los conflictos a los que se enfrentan son tan humanos como los de Madame Bovary, Leopold Bloom o el vecino de 4to B. Por eso, una novela es una metáfora de las inquietudes del autor, pero también de la realidad. En ese sentido, ningún género escapa de esos atributos realistas. (más…)

Metaficción: 4 formas de resolver problemas narrativos

Voy a hablar de metaficción y de una aparición creativa ocurrida un día de esos que amanece soleado pero uno anda nublado.

Estoy a pocos meses de una mudanza y, como ya sabréis, las mudanzas sirven para muchas cosas, entre las cuales está la oportunidad de eliminar todo aquello que suponga un síntoma incipiente del Síndrome de Diógenes. En esas labores previas de seleccionar y desechar, apareció una nota del 3/11/2003 que dice, textualmente:

Con el buen día que hace y yo nublado. No tienes ni puta idea de lo que le pasa a Gabriela.

Luego vienen otros apuntes y un diálogo autorial con Gabriela, la coprotagonista de un relato inédito, y una nota especial: «como las cartas a Colet». Así nació mi costumbre de usar la metaficción, fuera de la obra literaria, como estrategia para resolver algunos problemas narrativos. Eso es lo que voy a explicar.

Pero, antes, vamos a ver qué es eso de la metaficción. (más…)

La ficción literaria es una metáfora de la realidad

Casi al final del artículo, os confesaré algo muy personal que justificará por qué la ficción literaria es una metáfora de la realidad.

Todos los que estamos ligados a la literatura, lectores y escritores, habremos leído u oído alguna vez que José Saramago, luego de escribir una novela a los veinticinco años, calló (literariamente) durante otros veinte porque «no tenía nada interesante que decir». Los que no lo sabían, podéis leerlo en esta entrevista.

Lo que dijo Saramago no fue nuevo. Algo parecido dijeron Camilo José Cela, Óscar WildeRaymond Chandler, y, en la actualidad se ha convertido en una frase hecha, un tópico de la literatura. A pesar de ello, y en esto me incluyo, hablamos mucho de técnicas narrativas, del estilo, de los recursos para generar intriga, de las estrategias de publicación y promoción, pero nada o casi nada acerca de si en el sustrato de la historia que contamos al lector, también entregamos un mensaje que desnuda nuestra propia existencia.

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Sobre cómo planificar una novela – parte II

En la primera entrega sobre cómo planificar una novela (Link), había determinado que la mía rondaría las 87.500 palabras y las había distribuido en Planteamiento (18.000), Nudo o Desarrollo (51.500) y Desenlace (18.000).

Llegado a ese punto, lo siguiente era estimar la cantidad de capítulos necesarios y aquí entra en juego la planificación del argumento. Como dije en el artículo anterior, estas matemáticas literarias son nieve frita sin algunas certezas previas: el desarrollo argumental. ¿Lo tienes claro en tu cabeza? Si tu respuesta es sí, entonces no hay más que ponerse a escribir un resumen argumental por capítulos, es decir, en el orden cronológico natural de los hechos, que podrá coincidir, o no, con el orden cronológico de la trama (ver Tema, argumento y trama). Un ejemplo, muy cutre, por cierto, pero ponedle imaginación: (más…)

6-reflexiones-para-entender-tus-herramientas-de-escritor

6 reflexiones para entender tus herramientas de escritor

Herramientas de escritor. Cuando pienso en ellas, imagino donuts.

Vivo en un pueblo pequeño de la costa mediterránea. Hay varias panaderías; dos de ellas hacen unos donuts que, puestos uno al lado del otro, son idénticos. Pero no saben igual. De hecho, mi familia siempre me recuerda que compre «los de la Moni». Con toda seguridad, en ello influirá la calidad de los ingredientes, la forma de mezclarlos, el modo de amasar, el leudado, el tiempo y la temperatura del horneado, la experiencia y, lo más importante, el toque personal del pastelero. (más…)

Estilo literario: Evita estos cuatro registros

Cada vez que oigo, escucho, leo o escribo «estilo literario» no puedo evitar el recuerdo de la frase de Gardner Botsford: «Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa». La búsqueda de un estilo literario que nos diferencie del resto de escritores no se trata de andar inventando originalidades nunca escritas, sino de encontrar la naturalidad de la voz propia. En esa búsqueda interviene la honestidad. ¿Qué es esto? Pues, por dar un ejemplo, no andar buscando sinónimos ampulosos para adornar tu prosa.

Lo normal es que el escritor principiante trate de escribir según cierta difusa noción del lenguaje literario y, sin saberlo, su estilo personal acaba sumergido en un exceso de literatura. He leído muchos textos de escritores en ciernes cuyas redacciones eran irreprochables pero narrativamente ineficaces. Redactar bien no es lo mismo que escribir literariamente. Por eso, es conveniente conocer —y reconocer— los registros de escritura que restan fluidez y naturalidad a la narración,  y ver si el nuestro tiende a alguno de ellos. (más…)

Golpes de efecto en las atribuciones de los diálogos

Cuando Plinio Apuleyo Mendoza, en El olor de la guayaba, le preguntó que por qué le daba tan poca importancia a los diálogos, Gabriel García Márquez dijo: «Porque el diálogo en lengua castellana resulta falso». Alejo Carpentier, en Entrevistas (1985), opinó lo siguiente: «Para mí el diálogo, tal como podemos hallarlo en cualquier novela realista, es casi siempre artificial y ampuloso», y agregó que los diálogos novelísticos le horrorizaban porque no correspondían a ninguna realidad.

Como digo en este artículo, algunos de los consejos de escritores son verdades literarias universales (si es que existen), pero la mayoría son verdades personales, fruto de la experiencia o perspectiva del autor. Así que, con todo lo que admiro a Gabo y a don Alejo, en un acto de respetuoso atrevimiento, voy a decirles a estos próceres literarios que esas serán sus perspectivas. La literatura es, en definitiva, una representación cuya condición es la credibilidad, aunque vaya de orcos y de cuatrocientos siete elefantes voladores. Un diálogo debe parecerse a los que escuchamos en un bar, es verdad, pero nunca será real, y si está bien elaborado, el lector creerá en él del mismo modo que yo he creído en Frankenstein. (más…)

Las rayas y la puntuación de los diálogos

Para contar una historia existen solo dos discursos: el del narrador y el del personaje. Es decir, o habla el narrador o hablan los personajes. No hay más. Con el narrador, el autor informa los acontecimientos, construye un marco de referencia (escenarios, coordenadas temporales, acciones, etc.), procedimiento cuya mayor complicación es la de componer un relato visible que se proyecte en la mente del lector como si fuese una película. Con el segundo discurso, el del personaje, es más sencillo que el lector participe y se ponga en situación; pero, para dotarlo de naturalidad y verosimilitud, el procedimiento es mucho más complicado.

«[…] o se cuenta directamente, como autor -el procedimiento más difícil-, o se los pone en boca de tal personaje, muchísimo más fácil, pero mucho más engorroso». (Joseph Conrad, A Personal Remembrance, Ford Madox Ford, 1924)

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La mirada objetiva del corrector literario

Gardner Botsford fue, durante 40 años, editor de la revista The New Yorker. En su libro Life of Privilege. Mostly expone algunas reglas generales de edición, fruto de sus años de experiencia. En la nº 2, dice:

«Los buenos escritores se apoyan en los editores; no se les ocurriría publicar algo que nadie ha leído. Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa».

No es que Botsford hubiera escrito un concepto que yo ignorase, e intuyo que todos los que se dedican a la edición, también lo saben.

En «Cada escritor lo es a su manera», digo que la evolución de un escritor se construye con pasión, aprendizaje, experiencia y honestidad, y que pasión significa esfuerzo y humildad. De algún modo, mi concepto recorre la frase del editor de The New Yorker, de la primera hasta la última letra. (más…)

Inquietudes literarias, las huellas de un buen escritor

Escribí mi primera frase con intencionalidad literaria en el año 1976, luego de leer «El milagro secreto», de Jorge Luis Borges. Sin embargo, hasta que conocí a don Américo Cali, en 1978, no supe que una cosa es redactar muy bien y otra muy distinta es escribir literariamente. Poco a poco fui descubriendo que para contar bien una historia, era necesario algo más que palabras. Aunque don Américo falleció a los tres años de haberlo conocido, fueron suficientes para iluminar el camino de las técnicas narrativas. (más…)

El poema sin lector es inconcebible

Al igual que en la Poesía, abordar y, más aún, profundizar el ámbito de definiciones y referencias conceptuales a cerca del Arte, no es tarea fácil. En cambio, sí podemos pensar en aquellos tópicos u objetos de reflexión sobre lo que representa, conforma y transmite su universo.

El Arte, en sus diversas manifestaciones, implica una actividad. Según Martín Soria, Involucra a un creador originario y a una obra originada; a un propósito —necesidad, el interés o el deseo por hacer— y a un resultado u obra realizada. «Actividad es sinónimo de relación, y relación es consecuencia de un dar algo y recibir algo». (más…)

Lo cotidiano en la poesía actual

El transcurso del Siglo XIX al Siglo XX en el campo de las artes y la literatura siempre me ha resultado fascinante, dado que en él se produjo una ruptura de la concepción de la estética y de su sentido. Poetas como Rimbaud o Mallarmé y, anteriormente, Walt Wittman —considerado como el padre de la poesía en verso libre— comenzaron a experimentar con propuestas que iban más allá de la frontera tradicional del lenguaje. Se propusieron «restaurar en el lenguaje un estado fluido, provisional» y «devolver a la palabra el poder de encantamiento»[1]. Las palabras se alejaron del entendimiento del lector corriente conteniendo —en mayor o menor medida— un mensaje hermético, como si su significación dependiera de un código cifrado. De igual modo ocurrió en el resto de las artes, como en la pintura, donde el artista ya no pinta lo que ve, sino lo que siente. (más…)

Sobre cómo planifico mi novela I

Hace unos cinco o seis años escribí un cuento, el más largo que he escrito y que, aun así, me dejó cierta sensación de escasez, de que merecía una novela. Desde ese entonces, la idea fue tan persecutoria, que poco a poco el tema, el argumento, la trama, los personajes… estuvieron a punto. Incluso el título y para qué querría escribirla. Solo faltaba eso, escribirla. (más…)

Cada escritor lo es a su manera

Leí Demian, de Hermann Hesse, cuando tenía dieciocho años. En la primera página hay algunos fragmentos que, a pesar de haber transcurrido treinta y cinco años, sigo sintiendo que es lo mejor que me ha aportado la literatura para vislumbrar —tal vez solo conjeturar— la esencia de la vida, la del ser humano y, sobre todo, la mía. (más…)