Casi al final del artículo, os confesaré algo muy personal que justificará por qué la ficción literaria es una metáfora de la realidad.

Todos los que estamos ligados a la literatura, lectores y escritores, habremos leído u oído alguna vez que José Saramago, luego de escribir una novela a los veinticinco años, calló (literariamente) durante otros veinte porque «no tenía nada interesante que decir». Los que no lo sabían, podéis leerlo en esta entrevista.

Lo que dijo Saramago no fue nuevo. Algo parecido dijeron Camilo José Cela, Óscar WildeRaymond Chandler, y, en la actualidad se ha convertido en una frase hecha, un tópico de la literatura. A pesar de ello, y en esto me incluyo, hablamos mucho de técnicas narrativas, del estilo, de los recursos para generar intriga, de las estrategias de publicación y promoción, pero nada o casi nada acerca de si en el sustrato de la historia que contamos al lector, también entregamos un mensaje que desnuda nuestra propia existencia.

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