Cada vez que oigo, escucho, leo o escribo «estilo literario» no puedo evitar el recuerdo de la frase de Gardner Botsford: «Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa». La búsqueda de un estilo literario que nos diferencie del resto de escritores no se trata de andar inventando originalidades nunca escritas, sino de encontrar la naturalidad de la voz propia. En esa búsqueda interviene la honestidad. ¿Qué es esto? Pues, por dar un ejemplo, no andar buscando sinónimos ampulosos para adornar tu prosa.

Lo normal es que el escritor principiante trate de escribir según cierta difusa noción del lenguaje literario y, sin saberlo, su estilo personal acaba sumergido en un exceso de literatura. He leído muchos textos de escritores en ciernes cuyas redacciones eran irreprochables pero narrativamente ineficaces. Redactar bien no es lo mismo que escribir literariamente. Por eso, es conveniente conocer —y reconocer— los registros de escritura que restan fluidez y naturalidad a la narración,  y ver si el nuestro tiende a alguno de ellos.

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