Archivos por Mes: Octubre 2014

Autopublicación: Sobre escritores y buscadores de oro

El 14 de octubre de 2014, Mercedes Pinto publicó en su blog un artículo en el cual exponía su decisión de recurrir a la autopublicación. Viniendo de una autora con tanta experiencia, nos invita a reflexionar. Tengo claro que Mercedes no es una autora más de los muchos (muchísimos) que pululan por las redes con su etiqueta de escritor. El sentimiento de Mercedes es, de algún modo, el mismo que se repite en muchos escritores y que, aun así, no mezquinamos esfuerzos por puro amor a la literatura.

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Me encantan esos tachones

En este post (Link) les presenté a Mireya Alcaráz (escritora, 14 años), y les informé que iría publicando sus progresos. Pero luego lo pensé mejor: ¿Por qué no dejar que ella misma se exprese y tenga contacto con sus futuros lectores? Así que he decidido incorporarla como bloguera de El narrador, hasta que ella considere que es hora de tener su propio espacio. A continuación, su primera entrada.

Espero que la disfrutéis.

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Cómo escribí “¿Y usted le cree al Cacas?”

Y usted le cree al Cacas

La escritura automática es esa que se realiza con el único objetivo de «quenosemevayalaidea»,  sin prestar atención a los aspectos técnicos, y nunca, o casi nunca, arroja un texto definitivo. El octavo relato de Todas son buenas chicas, “¿Y usted le cree al Cacas?, no fue la excepción.

La esencia del placer de escribir habita en la escritura automática, ese momento que nos aparta de la realidad cotidiana y nos sumerge en nuestro mundo ficcional. El trabajo duro, y veces hasta doloroso, es el de la revisión. Incluso, uno de los rasgos de madurez de un escritor es el tiempo que invierte en el trabajo de revisión, porque requiere mucha objetividad y nada de autocomplacencia.

En 1933, F. Scott Fitzgerald, publicó un artículo en el Saturday Evening Post, en el cual destacaba la importancia de la objetividad respecto a nuestro propio texto:

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Mireya Alcaráz, 14 años, escritora

En el mes de julio, María de Alicante me compró un ejemplar de Todas son buenas chicas. Unos minutos después, luego de haber leído en la solapa que yo imparto cursos de técnicas narrativas, se volvió para comentarme que su hija Mireya, de catorce años, escribía y leía mucho, y que a ella le parecía que lo hacía muy bien. Lo que a continuación me pidió fue que le recomendara lecturas y qué hacer para ayudar a su hija. Entonces recordé mis comienzos, y lo importante que fue para mí conocer a don Américo Cali (que comento en este Link), y, entonces, escribí en un papel mi correo electrónico y le dije que me enviara un relato.

El 4 de agosto, un mes más tarde, recibí este email:

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